
Simplemente me gusta Cristina. La asturiana me ha sorprendido con su bagaje intelectual y contándome historias y leyendas antiguas de su tierra. Es algo así como dejarme embaucar por sus palabras y gestos, por sus movimientos parsimoniosos cuando nos dedicamos a coquetear mientras tomamos un té Earl Grey. La situación es muy evidente hacia donde camina pero me inquieta qué haré con Rosario quien cada día parece más interesada en que estemos juntos en el futuro. Rosario es una mujer hermosa y generosa con su tiempo y su cuerpo, muy formal y preocupada de los detalles pero le falta esa capacidad de disfrutar de la vida que a mí tanto me importa, no se entusiasma con una ópera o una obra de teatro, ni con una cena en algún lugar elegante, tampoco disfruta de la sensualidad de un perfume, de un café, de una textura o un lugar histórico. Yo reconozco que mi actual novia es francamente agradable y hace todo cuanto yo deseo en mi perezosa y lasciva existencia, pero esa sensación de compromiso me incomoda día a día porque creo que quizás en algunos años más ya no bastarán las atenciones y disfrutaré más que ella pueda comentar un libro conmigo o catar un vino en una noche larga.
La situación se ha agudizado más todavía ahora que su hermana luego de pelear con sus padres se ha ido a vivir con ella.
He decidido por tanto estar un tiempo con ambas hasta que sea capaz de decidir con cual quedarme.
El problema se centra ahora en como convencer a Cristina de llevar la situación porque ella sabe en qué estoy y no pretendo decirle nada a Rosario para dificultar las cosas.
A través del tiempo me he dado cuenta que para transformar a una mujer en la "otra" es necesario lograr algunas cosas que permitan que soporte la situación y por tanto hay que moverse con extremo cuidado. Lo primero es saber que tipo de relación quiere porque si le interesa algo esporádico para pasarlo bien de vez en cuando, la cosa es bien sencilla y en el tiempo se verá que hacer. Pero como se han dado las cosas y con la solicitud que Cristina me ha hecho de "aclarar" mis asuntos esa opción no es viable.
El segundo punto es entonces generar un vínculo afectivo lo suficientemente fuerte como para que acepte iniciar el triángulo. Para eso hay que ocupar las mejores armas, mostrarse especialmente interesante y ofrecer cosas que no sean comunes y fácilmente obtenibles para ella de parte de otros hombres: interés y conocimiento por su área de estudio, aprecio por sus capacidades, detalles románticos que sean elegantes (creo que el romanticismo chabacano es de las cosas más patéticas que existen), búsqueda de sus gustos más atípicos (en el caso de ella Rachmaninoff, la historia, el té y el café, las especias, los perfumes, etc) y saber moverse en ese ámbito de gustos con soltura. Alabarla, alabarla y alabarla siempre es condición absolutamente necesaria. Finalmente lo que uno posea como plus, en mi humilde caso, poesía, música clásica, cine, literatura, conocimientos de arte, arquitectura, idiomas, historia, oratoria especialmente dedicada a las mujeres, gastronomía, moda y varias cosas más que serían largas de enumerar. Todo lo anterior unido a mi incesante deseo y a mi capacidad amatoria de la cual no hay quejas hasta ahora.
El tercer punto es dar lo que mi amigo griego Nikiforos me enseñó como la ventana de salida, la luz de esperanza. Siempre tienen que saber que aunque todo parezca que va mal al final tú vas a dejarlo todo por ella. Nunca hay que relegarlas a la situación final y sin esperanza de ser "la otra", sino que que se deben alimentar sus esperanzas constantemente con relatos, gestos y palabras de cambios inminentes.
Habiendo deliniado entonces mi plan de acción decidí que me daría el tiempo de estas fiestas antes de comenzar a trabajar ya que Cristina se va a Asturias con su familia y así estaría tranquilo con mi chica en estos días más complicados para desaparecer.
Hasta el momento creía haber jugado bien mis cartas y Cristina me dijo que nos viéramos antes que ella se fuera a Asturias. Ese día daría un paso más y la dejaría irse para crear unos días de distancia y ver si me llamaba o no, en última instancia para probar su interés.
Al llegar a la casa de Rosario me encontré con ella dedicada a preparar una cena para recibir a dos de sus amigas con las que estuvo en el bar de Leo conversando y a Pilar viendo el reality de moda, "Gran Hermano VII". Yo venía cansado y como no tenía ganas de hacer nada, tras mi tarde de biblioteca investigando para la tesis, le dije que me iba a descansar un rato a su habitación antes que llegaran sus amigas.
- Cariño, tú anda tranquilo a descansar. A mí me faltan unas cosas para la cena así que voy al supermercado y vuelvo. Cualquier cosa que necesites le pides a Pilar que está adentro.-
- Ok, nos vemos depués entonces.-
Decía esto mientras pensaba que diría Pilar respecto a eso de pedirle cualquier cosa. Tras la noche de juerga anterior me preguntaba cuan bueno sería quedarme solo ahí con ella.
Pasaron 10 minutos hasta que Pilar irrumpió en la habitación de Rosario donde yo retozaba en su grande y mullida cama.
- Tenemos que hablar, ¿sabes?.-
- No lo sabía.-
- ¿Sabías al menos que a mí nunca un hombre me ha rechazado como tú lo hiciste?-
- Tampoco lo sabía.-
- ¿Y qué has pensado hacer al respecto?
- Pilar, no he pensado hacer nada al respecto, ¿te das cuenta que me pides que en el fondo traicione a tu hermana? Yo no le haría eso a Rosario salvo situaciones muy complejas.-
Mentir a veces es tan necesario y la verdad es que tampoco deseaba que Pilar se transformara en la despechada que me haría la vida difícil. Me miró en ese instante con un cierto rictus entre travesura y maldad.
- Osea que no todas las puertas están cerradas a que la engañes.-
- Siempre existe la posibilidad que algo así ocurra.-
Se me acercó un poco y me preguntó
- ¿Y yo te gusto entonces?-
- Antes de responder... ¿qué hay de mi compatriota?.-
- Está haciendo una penitencia que le ha dado el cura con el que habla siempre.-
- Su guía espiritual debe estar molesto de su primera borrachera.-
- La verdad es que no es igual a ti como yo esperaba. Es muy niño y yo quisiera alguien más maduro, no alguien a quien un cura le dice que no saldrá conmigo en dos semanas.-
- Dicen que el que con niños se acuesta amanece mojado.-
- ¿Y me vas a responder lo que te pregunté?-
Entonces pensé en eso de dejar puertas abiertas y esperanzas a ver que pasaba. Pensé en que a las mujeres les encanta que se les dé y se quite al mismo tiempo.
Además uno no sabe que puede ocurrir en el futuro y siempre es conveniente tener un regazo donde llegar.
- Por supuesto que me gustas.-
- ¿Más o menos que Rosario?.-
- Menos...mmm...pero te conozco poco.-
- Yo intuía que te gustaba por la forma en que me mirabas.-
Desgraciadamente yo siempre miro igual a todas, pero no era un buen momemto para decírselo.
- ¿Y no te incomoda hacerle daño a tu hermana?-
- Ella siempre ha tenido lo que ha querido, siempre ha sido la que gana en todo, así que no me importaría ganar yo una vez. Quizás sería bueno que me conocieras más ¿no crees?-
-Pudiera ser.-
Pilar se acercaba cada vez más y yo ya podía ver los detalles de su piel y sus labios.
- ¿Por qué no me besas?-
- Pilar, creo que como tú has dicho debiéramos conocernos más. Yo no te besaría sino hasta haber definido las cosas con tu hermana.-
- Osea que el día que te dejes besar ¿es que has decidido quedarte conmigo?-
- No seas niña, tal vez el día que me acostara contigo pudiera haber decidido quedarme junto a ti.-
- Sería una bonita forma de enterarme de tus intenciones futuras entonces.-
- Sería muy agradable forma. Pero por ahora estoy con tu hermana .-
- Ella dice que tú la haces muy feliz, me gustaría saber de eso a mí también.-
Rosario llegó unos minutos más tarde y comenzó a preparar la cena. Pilar la ayudó en todo y se encargó del postre mientras yo ponía la mesa decorada para una cena oriental en negro y rojo.
Las amigas de Rosario llegaron temprano y resultaron ser simpáticas y atractivas.
En medio de cuatro mujeres yo me sentía en mi mejor papel y sútilmente coqueteaba con ellas. Pilar se reía después de 4 días de seriedad absoluta y Rosario me tomaba la mano y me abrazaba como marcando un pequeño territorio en medio del juego de miradas.
Al llegar al postre Pilar me dijo al oído que lo había hecho pensando en mí. Yo le respondí que me lo comería pensando en ella. Degusté cada bocado bajo su mirada atenta mostrándole lo mucho que me había agradado su regalo, casi como si ella fuera esa suave textura que entraba en mi boca.
No puedo negar que la situación me entretenía pese a que Pilar no es la mujer que más me agrada, pero sencillamente eso estaba siendo un bálsamo para mi ego.
A esas alturas se me había olvidado llamar a Cristina para quedar al día siguiente y despedirnos. Pasada la medianoche me llegó un mensaje a mi teléfono. Era de Cristina que me decía que antes de irse a Asturias quería darme un regalo de navidad.
Me fui a una ventana mientras las chicas se tomaban un café y la llamé:
- No me perdería por nada tu regalo.-
- No te imagines demasiadas cosas. Tenía muchas ganas de hablar contigo y tú no me llamabas.-
- Estaba ocupado atendiendo visitas, pero ha sido una lata y sólo pensaba en ti.-
- ¿De veras?.-
- Por supuesto siempre pienso en ti.-
- Tengo ganas de verte mañana y a veces siento un poco de envidia de Rosario.-
- Las cosas no están bien con ella, como te decía el martes.-
- Bueno entonces mañana te veo.-
- Mañana a las seis.-
- Un beso.-
- Otro para ti.-
Corté la llamada, me acerqué a Rosario y le pedí que pusiera un CD.
- Cariño puedes poner ese Trío de Mendelsohn que tanto me gusta, es el nº 1.-
- ¿Y nos vamos a poner tan clásicos?.-
- Más bien románticos, cariño.-
- Bueno todo sea para darte en el gusto.-
Sentí que las cosas se ponían entretenidas, que el juego podía incluso pasar de dos a tres bandas y quizás sería todo más fácil de lo que esperaba.