Pepet el Anacoreta

Bellísimas narraciones y opiniones de la vida de Pepet.

Monday, October 31, 2005

Chocolate y Churros


Volver a Madrid ha sido como internarme en la espesura del invierno, la ciudad y su plan urbanístico de remodelación de vías como la M30, que circunda la ciudad, genera un paisaje desolador de cemento en la carretera más peligrosa de Europa hoy en día. Si a eso le sumamos la cobertura periodística de la hija del príncipe Felipe y la princesa, de origen plebeyo, divorciada y tildada de anoréxica, Letizia de Asturias, la verdad es que todo ha sido bien contrastante con la engalanada Sevilla.
Al llegar el día era gris y la lluvia era tenue pero molesta. El viaje en auto por esta ciudad con obras por todos lados se me hizo algo más placentero con algunas arias de oratorios profanos cantadas por Cecilia Bartoli.
Llegué temprano pues salí de noche cruzando Despeñaperros en la madrugada (que nombre más extraño ¿verdad?) por cuanto obligadamente tuve que llegar a tomar un desayuno cálido que me reanimara tras el viaje.
Me llamó cuando venía entrando a la ciudad, cuando pasaba un paseo del Prado casi vacío rumbo al barrio de Salamanca y ciertamente mi dulce noviecita mostró el sexto sentido de su sexo cuando antes de cortar me preguntó si algo me pasaba. Pareciera que los hombres presentamos mínimos cambios en el tono de voz, en la actitud y la prosodia que hace a las mujeres detectar cuando has estado con otra. Sin embargo me esperaba con chocolate y churros como toda madrileña sabe esperar en una mañana fría.
Entré al departamento (piso como le dicen los españoles) que estaba a una temperatura grata y confortante. Me recibió con un beso y yo intenté parecer lo más inocente posible y apasionado en mi respuesta. Su habitación de color verde se oscurecía como la noche gracias a una cortina que cerré apenas entré. Sentía el cuerpo desregulado térmicamente después de 2 noches sin dormir y más que una mañana animada deseaba una cama tibia donde descansar. La cama de Rosario es enorme, es de esos lechos que están fabricados para dormir en pareja con holgura, donde debes ir a buscar a tu mujer haciendo más entretenida la propuesta. Siempre arreglada perfecta, cubierta con ropa de cama hermosa que invita a usarla.
Las camas siempre me han parecido fascinantes. Nemesio Antúnez me encantaba con sus series de camas y parejas bailando. Y la cama de Rosario es una de esas que dejan recuerdos imborrables en especial cuando la tuya es pequeña y sin mayores comodidades.
Abrí su bata de levantarse y me esperaba desnuda. Me pareció, una vez más, tan raro esto de cambiar de mujer en tan poco tiempo. Pareciera que cuando tienes pareja aparecen rachas de oportunidades donde encontrar más y siendo agradecido de los dones que el cielo me envía se me hace tan difícil rechazarlas.
La mañana fue dulce y relajada, sexo de baja exigencia y el deseo fundamental por parte de ella de abrazarnos y quedarnos dormidos tras un orgasmo que no fue especialmente hollywoodense.
Pese a todo me gustó y ella estaba muy feliz.
- ¿me echaste de menos?-
- Obvio, me habría encantado que me hubieras acompañado.-
-¿Te gustó la ciudad?, ¿qué viste o fue sólo tu simposium de literatura renacentista a lo que te dedicaste?.-
- Bueno, fui a la catedral, la Macarena, La Plaza de España, al barrio Santa Cruz...-
-¿Viste el Hostal de Don Juan?-
-Eh... si... creo que está en una plaza.-
-¿Y paseaste por Triana? ¿de seguro que en la noche se fueron a por unas copas allí?-
- Si, estuve, es un lindo barrio y hay una calle muy animada con bares y terrazas.-
- Ya sabía...-
Sentí que los colores se me subían y me oculté en la oscuridad de la pieza.
- Mi prima, Amparo, dice que te vió paseando por allí, me llamó por teléfono para contarme que estabas mirando un mapa con una chica en una terraza.-
Decidí tranquilizarme y actuar con cautela midiendo cada palabra, pues en la cacería que hace una mujer en esas condiciones, con la presa somnolienta, cansada, con la clásica torpeza postorgásmica y esa intimidad de la oscuridad y la tibieza, uno fácilmente puede confesarlo todo.
-Debe haber sido la guiri alemana que no hablaba español.-
-¿Y era del simposium?-
-Era una estudiosa de Tirso de Molina y estaba conociendo Sevilla por primera vez, yo le ayudé a llegar a la Torre de Oro y me invitó un té en agradecimiento.-
-¿Un té?... te hubiera invitado una copa al menos en Sevilla.-
- Bueno tú sabes lo aburridos que son los alemanes y además una copa es algo que se invita entre amigos.-
El detalle del té le pareció tranquilizador por lo que entendí y no volvió a preguntarme nada sino pasados algunos minutos.
-¿Y la alemana estudiaba español?-
-No, ni siquiera hablaba un par de palabras, sólo le interesaba la literatura española, pero lo habría leído todo traducido supongo...-
-¿Y en la noche no saliste?-
-No, estaba cansado y el hotel pese a ser barato tenía una habitación agradable, además vi el partido del Betis con Villarreal, tú sabes que el entrenador es chileno, se llama Pellegrini.-
- Amparo me dijo que después te perdiste y que no te volvió a ver, no alcanzó a saludarte.-
-Bueno tú sabes que los hombres por el fútbol somos capaces incluso de quedarnos encerrados pegados al televisor.-
- Vi en las noticias que fue bien polémico el arbitraje. ¿Que fue lo que pasó?-
Agradecí escuchar noticias en la radio durante el viaje de vuelta.
- Anularon un gol legítimo y obligaron a lanzar de nuevo un penal que había sido atajado.-
-¿A veces te aburro, Pepet?, lo que pasa es que me puso celosa que conversaras con alguien que me describieron como bonita, pero yo sé que a ti no te gustan esas alemanas que son tan sosas, poco limpias y que ni se depilan.-
-Ah, tontita, ¿cómo te puedes poner así por una de esas alemanotas con axilas peludas?.-
La tensión caía y yo me libraba de la trampa pasando al terreno donde podía pisar con más seguridad. Pensé que no podía saber exactamente lo que había ocurrido de lo contrario no hubiera hecho el amor conmigo esa mañana.
- Es que Amparo me dijo que no te volovió a ver y que la alemana también desapareció y yo soy tan insegura... Pepet ¿yo te gusto?-
No pude dejar de recordar las palabras de la alemana y el contraste de anatomías, la altura, las proporciones, el color de la piel y los ojos, los cabellos rubios en contraste con los cabellos negros de mi madrileña, Rosario con el cuerpo perfectamente depilado y la alemana con todo el desparpajo del mundo sin sacarse nada.
Volví a hacer el amor, sabiendo que el cansancio sería una inversión de tranquilidad futura. La cama me parecía cada vez más tentadora para dormir y tras terminar me entregué al sueño mientras Rosario me acariciaba la cabeza. La miré antes de dormirme y la vi hermosa, como a casi toda mujer que acaba de hacer el amor. Recordé eso de: "Ma in Spaga son ia mille tré" ¿lo lograré algún día?
Al despertar la cama estaba vacía, pensé si había cometido algún error y me levanté con algo de inquietud.
Rosario estaba en la cocina y en el comedor de diario había una taza de chocolate caliente y churros.
-Cariño, te despertaste, yo te iba a despertar ahora para tomar desayuno.-
-Mmmm, se ve exqusito.-
-Lo preparé para ti.- Me sonrió con dulzura. - Porque te amo.-
Mojé un churro tibio en el chocolate y lo degusté lentamente.
-Yo también te amo, cariño, yo también.-

Saturday, October 29, 2005

Largo me lo fiáis


Cuan extraño es sentir que en Sevilla el verano existe aún mientras todo se vuelve gris de Castilla hacia el norte.
En el barrio de Santa Cruz me aproximé a una hostería en la plaza de los Venerables y descubrí que se trataba de la Hostería del Laurel, famosa en la literatura sevillana por los lances en ella acaecidos. Las paredes blancas y los zócalos y molduras de la fachada pintados de amarillo me hacían sentir perdido como en siglo XVI y tan sólo esperaba ver aparecer a alguna dama por los balcones enrejados de hierro negro y cortejarla como sólo en Sevilla (quizás en Verona también) se puede. Pero para eso debía olvidar por escasas horas o días a la que me entregaba su cuerpo y alma unos kilómetros más al norte...y eso sería muy malo.
La tarde se fue en una visita al Alcázar donde pude ver la sangre de don Fadrique. Cuenta la leyenda que vino don Pedro I el cruel de Castilla a ajustar cuentas con su hermano bastardo, don Fadrique, quien le disputaba el trono. El cruce de los aceros fue tan intenso que la sangre bañó la habitación y hasta hoy puede verse.
Tras esta visita en medio de yeserías mudéjares hechas por artesanos musulmanes del siglo XII me fuí caminando hasta la plaza de España y pasé por una copa a un pequeño bar llamado Chile por encontrarse en la calle que lleva el nombre de nuestro país.
La tarde caía y de pronto visualicé una hermosa mujer con aspecto de turista que intentaba preguntar en un inglés con acento germánico, usando un enorme mapa plegable, donde se encontraba la Torre de Oro. Un sevillano intentaba usar su mejor inglés tipo "me Tarzan, tu Jane" pero la cosa iba mal. Me acerqué a la alta y rubia mujer que vestía ropa inusualmente veraniega aún para Sevilla. Supe que era una alemana de Leipzig que paseaba por las tierras cálidas de Europa y me ofrecí a llevarla a la Torre de Oro. Los alemanes con 20º ya se meten a las fuentes y para ella esto de tener 27-28º en la ciudad más colorida de España era motivo para andar con poca ropa. Mientras conversaba animadamente yo le hacía toda suerte de sonrisas y gestos a los cuales los alemanes no están acostumbrados como acercarme más de lo que un alemán habitualmente soporta y poner mi mano en su espalda al indicarle algo.
La alemanita resultó ser más simpática de lo que esperaba, me dijo que estaba de vacaciones y que le encantaba conocer gente distinta, que quería conocer más a los españoles y desgraciadamente pocos le habían hablado pues ella sólo hablaba inglés aparte de su lengua natal.
Con un metro ochenta, cabellos rubios, ojos claros y cara evidentemente alemana yo caminaba y era observado por los españolitos que paseaban por la tarde andaluza y las gitanas le ofrecían a ella y no a mí ramitas de romero para tentarla a saber su futuro. Futuro que yo deseaba ya escribir con mi propia pluma.
Yo miraba sus formas rotundas en ese cuerpo grande que debía abrazar con fuerza y decisión según la imaginaba sobre una cama. Caderas amplias y busto desarrollado más de lo normal para las europeas promedio me hacían interesarme cada vez más en ver que podía salir de todo esto. Por lo pronto ya era entretenido y de vez en cuando me venían ráfagas de recuerdo de mi amor en tierras castellanas.
Cuando supo que estudiaba literatura me entusiasmó con varias preguntas de Tirso de Molina, Cervantes, Quevedo y especialmente de Zorrila y su don Juan. Me dió a entender que le parecía apasionante eso de un sevillano conquistando a todas la mujeres que se ponían por delante y que un amante así era improbable en la literatura germana. De pronto me preguntó de que parte de España era yo y viendo su incapacidad para reconocer acentos sin ninguna vergüenza me hice pasar por sevillano. Entonces me abrazó y me dijo que siempre quiso sentir el abrazo de un sevillano y la verdad que a esas alturas la fidelidad comenzaba a flaquear frente a la gran cantidad de piel blanca teutónica que imaginaba a mi lado esa noche.
Recordé eso del "largo me lo fiáis" de Don Juan Tenorio y sin pensar más me la llevé a la calle Betis donde luego de pasear por Triana, sus calles estrechas, las teterías marroquíes de moda y las casas con imágenes de las Vírgenes de Triana y la sempiterna Macarena, nos fuimos a beber en los bares del otro lado del puente. Nos reímos con estúpidos chistes que le contaba y entre bar y bar, entre jerez y manzanilla de Sanlúcar, el alcohol volvió cada vez más risueña a mi germana nueva amiga.
Cada vez me parecía mejor en cuanto a ser menos fría que la primera impresión con su mapa y mucha seriedad preguntando como llegar al monumento árabe. Sentados en una terraza de la calle Betis, bajo una noche cálida empezaba a sonar música electrónica y se dió cuenta como miraba su escote. Me preguntó si ella me gustaba. Respondí que me encantaba y sin tener que hacer ningún esfuerzo se acercó a mí y comenzó a besarme inspirada por el Guadalquivir, la Torre de Oro y la Giralda de fondo. Ya había pecado de pensamiento, palabra y ahora de obra, en conclusión había que completar el pecado para que valiera la pena la próxima confesión que debía ser en esta ciudad antes de volver, como todo un buen caballero que visita estas tierras de tanta devoción.
Bailamos y me hizo saber que era un pequeño sueño esto de vivir algo así con un sevillano, que siempre estuvo en su imaginación desde que leyó Don Juan en su adolescencia. Partimos a un antro donde se bailaba desde flamenco hasta reggaeton y eso terminó de encender la noche.
Un pequeño detalle me hizo tener un momento de lucidez y recordar que alguien me esperaba con amor un poco más al norte. Descubrí que mi alemana no se depilaba como muchas mujeres de su país. Entonces pensé que debía ser fiel y despedirme de ella, recordé todas las críticas que le hacen las españolas a las alemanas por sucias y desarregladas, pensé que estaba traicionando el amor de alguien que confiaba en mí.
Ella me dijo que quería que terminaramos la noche en su hotel: La Hosteria del Laurel. Los pensamientos de rechazo y de fidelidad terminaron ya ante la novedad de mi primera alemana en la cama y recordé la ópera de Mozart, Don Giovanni : "In Italia 650, in Almagna 331, cento en Francia, en Turquía 91, ma in Spagna son ia mille tre". Así que como locos fuimos riéndonos, besándonos y tocándonos por las calles del burlador y el barbero.
Al llegar a la Hostería pregunté como don Juan al de la puerta: "¿La Hostería del Laurel?" a lo cual me respondió como en el clásico ya sabiendo su oficio: "En ella estáis, caballero". Ella sonrió al igual que el portero como si ambos supieran de antemano lo que pasaría y me llevó al segundo piso que daba a un balcón.
La noche fue larga y placentera, ella hacía más de lo que imaginaba que haría y yo anotaba a mi prontuario una nueva nacionalidad. No tuve inconvenientes con su inexistente costumbre depilatoria y la verdad es que ni el celo depilatorio ni el remordimiento han sido nunca mis sentimientos más presentes.
Ella terminó tan exhausta como yo y el alcohol que fue en gran cantidad terminó haciendo su efecto, pese a que era una mujer grande. Miré sus formas que levantaban la sábana mientras dormía y la encontré hermosa como a casi todas las mujeres que acaban de hacer el amor.
A las 6:30 de la mañana desaparecí sin tener que descolgarme por el balcón ni nada parecido, para que ella supiera que su sueño era completo, que la había abandonado como correspondía a lo que ella buscaba en la noche sevillana. Un burlador de verdad. El portero me dió una última sonrisa y yo agradecí con una reverencia antes de partir.
Preferí hacer mi confesión dominical en la basílica de la Macarena, tan gitana y tan católica, pues le dije que iría a la catedral al día siguiente y hubiera sido terrible encontrármela, tener que volver a usar el acento "andalú" y tener que explicar cosas inexplicables. Hoy ya puedo morir tranquilo y en paz con el Altísimo tras una confesión con un cura que entendía de la debilidad de la carne y me hizo rezar bastante poco, incluso se mostró divertido por mi historia de falso sevillano, burlador que hizo bien poco y que al final cumplió un sueño de la adolescencia de una "guiri" como le llaman a los turistas por aquí. Es tan bueno que los curas sean hombres, si fueran mujeres nos harían hacer penitencia pública como en el medioevo.
Ahora me toca volver a casa, con la conciencia limpia de haber confesado mis pecados. Volver al frío que se instaló en Madrid, jurar que he sido célibe en estos 4 días y que sólo pensaba en mi amor, mi castellana de sabor a chocolate caliente.

Friday, October 28, 2005

Que ganas de escribir!

Un computador con internet, lo que necesitaba!
Un poema de Kavafis, la inspiración.
En la tarde posteo algo.
Nos vemos.

Kavafis llega a Itaca.


Estragado, Constantino camina por la vieja calleja de Alejandría. Como buen griego debía hacer un viaje siendo un hombre, pero para él los viajes sólo fueron de niño trasladándose desde la antigua Constantinopla a Egipto.
Vive en la tierra de los Ptolomeos, esos faraones de origen griego que adoptaron el ceremonial egipcio y que erigieron la más esplendorosa ciudad del Mediterráneo. En las pupilas de Costantino, si miras bien, podrás ver el faro y la biblioteca y en las líneas de sus manos podrás recorrer las rutas marítimas de Ulises de regreso a Itaca.
Todos los hombres buscamos nuestra Itaca natal donde nos espera la mujer fiel y el hijo que busca eternamente al padre. Pero no hay que olvidar que la parte más larga de la vida es el viaje y de éste depende lo que serás:

"Cuando salgas en el viaje hacia Itaca
desea que el camino sea largo
pleno de aveturas, pleno de conocimientos"

Constantino hubiera podido trabajar en altos puestos directivos de empresas inglesas, pero ha preferido trabajar en un lugar humilde como un funcionario público mediocre, porque no está dispuesto a explotar a los suyos. Vivir en el la Alejandría de finales del siglo XIX es tarea compleja y hay que saber mezclar la vida del Islam, con la cultura griega y la economía de las grandes potencias colonialistas Francia e Inglaterra, eso sin hablar de los turcos que desde 1453 amargan la gloria de Bizancio.

"A los Lestrigones y a los cíclopes
al fiero Poseidón no temas
tales cosas en tu ruta nunca hallarás
si elevado se mantiene tu pensamiento,
si una selecta emoción tu espíritu y tu cuerpo embargan"

Probablemente lo más difícil es convivir con uno mismo y saber que hay limitaciones y temores dentro de ti, que son esas cosas las que pueden hundir tu barco en el viaje vital de cada hombre.

"A los Lestrigones y a los cíclopes
al feroz Poseidón no encontrarás
si dentro de tu alma no los llevas
si tu alma no los yergue delante de ti"

Constantino se mueve por un mundo amenazante. Tiene un aspecto muy poco llamativo y esa su coraza para nadie sepa que dentro de él palpita la voluptuosidad más enorme. Por sus venas corre la sangre del amor griego y oculta su vida privada mientras tiene cientos de poemas que hablan de piel, perfumes, juventud, belleza y deseo. En su mocedad frecuentó tabernas donde pudo conocer el roce de un cuerpo firme y la conquista de una voz hermosa. En la madurez siguió en secreto buscando lugares donde tener amantes furtivos y noches placenteras. Sus palabras de vejez reflejan la experiencia sensorial, el goce del tacto, el gusto y el olfato. El placer de admirar la belleza en todas partes como sólo un griego puede hacerlo:

"Detente en mercados fenicios
y adquiere las bellas mercancías:
ámbares y ébanos, marfiles y corales
y perfumes voluptuosos
cuanto más puedas perfumes voluptuosos"

Alejandría le permite ver las imágenes de jóvenes marinos que ríen y viven su vida como si fuera el último día y él a veces en el cementerio de la ciudad recorre las tumbas de aquellos que han muerto jóvenes para hacerles epitafios en papel. Así se suceden Amón, Lisias el Gramático y Yasís, un hombre que bebió de la copa de Hedoné hasta el ultimo sorbo.

"Aquí yazgo; Yasís.
De esta grande ciudad por la hermosura el efebo más famoso.
Sabios profundos me admiraron; y también el pueblo superficial, sencillo.
Los excesos me acabaron, me dieron muerte.
Viajero, si eres alejandrino, no has de criticar.
Tú conoces el ímpetu de la vida nuestra:
qué ardor posee, qué voluptuosidad excelsa"

Hay que ser un alejandrino para saber como vivir en límite de la vida o al menos hay que ser adoptado por la ciudad y portarse con valentía frente al desastre. La destrucción es una parte del ciclo vital de todo heleno, saben que está próxima en todo momento y que un hombre se queda mirando el desastre y lo desafía cuando ha conocido el placer. Es la imagen de Odiseo movido por los vientos y del Seléucida ante las legiones que destruyen todo. El ícono del hijo adoptivo predilecto, Antonio, sabiendo que en Accio se ha perdido todo y que el dios del vino Dionisios deja Alejandría como presagio de la destrucción, se da al placer y al desenfreno con Cleopatra sin dejar la ciudad que le ha mostrado el viaje.

"Cuando de repente, a medianoche, se escuche pasar una comparsa invisible
con músicas maravillosas, con vocerío-
tu suerte que ya declina, tus obras que fracasaron,
los planes de tu vida que resultaron todos ilusiones, no llores inútilmente.
Como preparado desde tiempo atrás,
como valiente, di adiós a Alejandría que se aleja.
Sobre todo no te engañes, no digas que fue un sueño, que se engañó tu oído:
no aceptes tales vanas esperanzas.
Como preparado desde tiempo atrás, como valiente,
como te corresponde a ti que de tal ciudad fuiste digno,
acércate resueltamente a la ventana,
y escucha con emoción,
mas no con los ruegos y lamentos de los cobardes,
como último placer los sones, los maravillosos instrumentos del cortejo misterioso,
y dile adiós, a la Alejandría que pierdes"

Cuando ha llegado a viejo Constantino juega con su Komboloi y la gente se acerca a los cafés para conversar con él. Entonces se da cuenta que su poesía ha quedado en la juventud y que el viaje hacia Itaca continúa. El deseo sigue viajando junto a él. En la vejez la memoria se vuelve lenta para lo nuevo y generosa con el pasado remoto:

"Vuelve a menudo y tómame, amada sensación,
vuelve y tómame
cuando del cuerpo la memoria se despierta,
y un antiguo deseo vuelve a pasar por la sangre;
cuando los labios y la piel recuerdan
y las manos sienten como que tocan otra vez.
Vuelve a menudo y tómame en la noche,
cuando los labios y la piel recuerdan..."

Jamás se atreve a publicar un libro y sus poemas viajan de mano en mano en pequeños panfletos de corte libertario que anuncian que Grecia se liberará del yugo turco. El viaje de Costantino llega a su fin en 1933. Alejandría, sus dioses y héroes llegan a puerto. La ciudad en la cual muchos buscan la tumba de Alejandro Magno parece hoy pobre y menos agraciada que sus competidoras del Mar Mediterráneo sin embargo no hay que engañarse por las apariencias y con sabiduria se deben descubrir los tesoros de Constantino Kavafis.

"Siempre en tu pensamiento ten a Itaca.
Llegar hasta allí es tu destino.
Pero no apures tu viaje en absoluto.
Mejor que muchos años dure:
y viejo ya ancles en la isla, rico con cuanto ganaste en el camino,
sin esperar que riquezas te dé Itaca.
Itaca te dio el bello viaje.
Sin ella no hubieras salido al camino.
Otras cosas no tiene ya que darte.
Y si pobre la encuentras, Itaca no te ha engañado.
Sabio así como llegaste a ser,
con experiencia tanta,
ya habrás comprendido las Itacas qué es lo que significan."

http://www.poeticas.com.ar/Biblioteca/Cien_poemas/cienpoemasindice.html

Wednesday, October 26, 2005

Voy y vuelvo

Debo salir unos días así que no habrá blog por unos tres o 4.
Apenas vuelva escribo de nuevo.

Monday, October 24, 2005

Fotografía de mis deseos.



En los años 60 pocos confiaban en una mujer dedicada al periodismo. Imaginar que alguien del mal llamado sexo débil anduviera por el mundo reporteando guerras y hechos interesantes era simplemente un sueño posible para gringas, francesas o escandinavas que hablaban de liberación femenina. Yo admiraba a grandes mujeres como Amelia Earhart, Simone de Beauvoir o Betty Friedman, pero mi vida se acercaba más a la tradicional madre de familia hispanoamericana, la buena esposa y el ama de casa ejemplar.
El mundo cambiaba y desde 1953 las mujeres de México podíamos sufragar y ser votadas en elecciones universales; pero al interior de las casas de un país de costumbres fuertes se hacía difícil animarse a contrariar la historia y partir del hogar soltera y con una cámara por compañía en vez de un marido e hijos.
En esa época salí de la catedral luego que unos amigos que me mostraran la magnificencia del mayor templo católico de América. Era la primera vez que salía de Oaxaca e iba conocer el Zócalo. La catedral siempre impresiona a todos los que la visitan por primera vez y esta no fue la excepción. Lo que no sabía era que lo más impresionante sería mi propio cambio.
Al caminar por donde se hallarían años más tarde los restos del Templo Mayor miré a una mujer que cuidaba de 5 niños y que le explicaba a un marido de cara rígida e inexpresiva el porqué de llegar tarde a la misa. Me miré a mí misma años más tarde dando explicaciones, colmada de trabajo sin opciones de decir que no a la maternidad cada vez que me entregara al placer y preocupada de mi entorno de 100 metros a la redonda sin saber nada del mundo. Mi madre y la que más tarde la sustituyó me habían criado para eso y yo estaba tranquila hasta entonces con la esperanza puesta en la felicidad de ser una mamá menos severa que ellas.
Miraba con detención el retablo mayor hecho por Jerónimo de Balbás en 1673 y me sentía sobrecogida por esa bóveda enorme cubierta de dorado. Pedía a Dios que me diera un buen futuro y entonces me vi recorriendo el mundo, hablando de las injusticias de la guerra y el hambre y denunciando el mal de este mundo.
Al salir no le tomé más fotografías a la catedral sino a los mendigos que pedían limosna fuera de ella. Fotografié y gasté todos mis rollos de película blanco y negro en los niños que corrían con la cara sucia pidiendo algo para comer, en las mujeres con bebés que observaban al mundo moverse sin considerarlas a ellas en dicha rotación.
Con mi humilde cámara tomé las caras de la pobreza, los deseos de dignidad y decidí enviarlas a un periódico de la capital.
Fue el día de la Virgen de la Soledad, un 18 de diciembre, cuando yo caminaba por la calle de Morelos que ocurrió el cambio de mi vida. Me avisaron que una de mis fotografías había impresionado al editor del periódico de Ciudad de México. Corrí a casa y leí la carta que ya mi madrina había abierto sin preguntarme nada. En ella me ofrecían enseñarme fotografía y hacer carrera en el periódico.
Fue el comienzo de mi gran viaje por el mundo.
Conocí el bien y el mal muy de cerca en las calles de Calcuta, el dolor en África y la esperanza de un nacimiento en medio del hambre, denuncié el maltrato a las mujeres en varios países de Asia y en varias regiones de mi país. Hablé con Fidel en Santiago de Cuba, fotografié a Pol Pot y su Kmehr rouge y también a Nixon antes de Watergate.
Contrariamente a los augurios de mi madre encontré el amor en muchos lugares y al fin decidí hacer una familia varios años más tarde en mi Oaxaca natal. Siempre tuve a Oaxaca en mi memoria, llegar aquí era la meta y fue ella la que al fin me dio el bello viaje.
Hoy miro el pasado y no me arrepiento de nada, especialmente de desobedecer y decidir por mí misma, lo cual es es el primer paso de la libertad más allá de los derechos que me pueda dar un estado o sociedad.
Mirando al mundo mientras camino por Macedonio Alcalá mi hija me pregunta cuando iremos a la catedral de Ciudad de México. Le digo que será muy pronto. Me mira desde su mundo adolescente y me dice:
-¿Y tú crees en Dios?-
-Creo en Dios y también en mí.

Sunday, October 23, 2005

Fin de semana de descanso.


Muchas Gracias por todos los comentarios que me han dejado: son super halagadores y me han animado a seguir escribiendo.
Además que me hayan regalado algunos posts es realmente un honor. Mañana empiezo a pensar en lo de Lety.
Como estoy con el subidón me dediqué al descanso este fin de semana y me fui a pasear buscando musas por las tierras de Castilla. Y aunque dejé botado el blog desde el jueves me siento con pilas recargadas para dedicarme a mi investigación y a escribir la próxima semana.
Mi jefe del trabajo de investigación no sabe de mi blog literario y parece positivo que el profe se mantenga alejado de esta bitácora. No porque vaya a pensar que me distraigo de mis primeras obligaciones; sino porque de seguro se pondría a criticar lo que escribo y eso me dificultaría la vida con alguien que me dejaría con el ánimo por los suelos después de "comentar" una que otra cosilla.
Me he castigado en estos días con algunos de los productos de estas tierras: Jamón ibérico de Guijuelo, aceite de oliva Montes de Toledo, queso manchego y pimientos de piquillo.
Así que hoy completaré mi fin de semana acostándome temprano aprovechando que el hemisferio norte ya muestra sus primeros fríos y lluvias.
Por suerte tengo alguien que caliente mi cama para este invierno, quizás por eso estoy con más ánimo y parece que sigo con el ritmo anual del hemisferio sur y me creo en primavera. La verdad es que no puedo quejarme pues nunca me ha faltado un regazo y una caricia cuando he requerido, pero en este periodo la vida se porta especialmente bien.
Mi dulce dama me trata de maravillas y me regalonea cortesmente con variadas atenciones por cuanto he utilizado con ella mis últimas raciones de Sahne Nuss que como siempre cumple su buen efecto endorfínico.
Así que me voy a finalizar mi weekend con una sonrisa en los labios y al suave yugo de eros me entrego.
"In trutina mentis dubia
fluctuant contraria
lascivus amor et pudicitia
Sed eligo quod video
collum iugo prebeo
ad iugum tamen
suave, suave transeo"

Thursday, October 20, 2005

Déjeneur parisien.


Nicolas d'Orange era un alsaciano que lo tenía casi todo en la vida: la seguridad de un estado que velaba por él, una profesión reconocida como la arquitectura y una familia normal. Había tenido varias novias pero todas ellas le provocaban un vacío enorme pasado un tiempo y ya su padre sospechaba de su sexualidad. Su deseo era encontrar una mujer que lo hiciera soñar en un futuro con conversaciones largas y una cama caliente, en nuevos proyectos arquitectónicos lejos de Estrasburgo, pero por sobre todo que lo mimara en medio de su vida fría en el norte de Europa.
Como muchos alsacianos llevaba una vida ordenada, más alemana que francesa y con un dejo de vergüenza reconocía que disfrutaba más de Berlín que de París. En el Love Parade fue la primera vez que tuvo la extraña sensación de sentirse seguro en el mundo. Fue frente a la puerta de Brandeburgo cuando se mezclaba la música electrónica con algo que parecía un concierto de Bach. Era una sensación rara en la boca, un sabor nuevo, muy dulce y luego paz e inconciencia en medio de la música. La visión de una mujer hermosa y al final la realidad de nuevo. Sus médicos lo estudiaron como una epilepsia provocada por las luces y el ambiente pero, aparte de explicarle como usar clobazam de 20 mg., no hubo más razones.
Así, Nicolas soñaba con volver a esa paz y la pudo sentir otra vez segundos antes de volver en sí. Había tomado tanto clobazam como encontró en casa. Y otra vez ese sabor en la boca: dulce e irreconocible. Esta vez se negó a psiquiatras y neurólogos.
Decidió trasladarse a París pero allí seguía viviendo como antes comiendo papas con repollo en vez de fois gras y bebiendo Gewürztraminer en vez de vinos del Medoc o Bourgogne.

Francisca soñaba con volver a Europa. Su llegada a Chile después de vivir lejos de todo, significó el calor de la familia, el reencuentro con el origen; pero asimismo una extraña incomodidad por salir; por alejarse nuevamente de este mundo querendón y conocido y volver a recorrer las frías tardes de café y la música extraordinaria de los bares parisinos en las madrugadas.
La lejanía le enseñó a sobrevivir para cumplir sus deseos. Le mostró el amor de gente que baila mal y tiene un humor lento. La transformó en un personaje distinto del resto y de esta forma la hizo única y plena; individual y autosuficiente.
Chile le entregaba amor y una vida dulce pero sin esas aristas ácidas de la aventura en Europa.
Se sentía ahogada en el sur del mundo. Era tan extraño haber deseado tantas veces volver y vivir como una chilena en su propio terruño y al final desear escapar nuevamente...y lo hizo.

Nicolas d'Orange caminaba cerca de la Opera Garnier hacia Les Galeries Lafayette cuando pasó la mujer de las visiones por su lado. Cambió de rumbo tomando la calle Gluck y miró brillar, sobre la dorada arpa de Apolo, al sol parisino antes de sumergirse tras ella en el metro.
No se atrevió a hablarle y cuando ella se bajó en la estación Châtelet creyó que en medio de cintas transportadoras, músicos ambulantes y parisinos apáticos la perdería para siempre; pero la pudo encontrar saliendo de la estación rumbo a la Rive Gauche.
Ella se movía con lentitud inusual para el mediodía de la ciudad luz. Miraba las casas donde vivieron personajes tan distintos como Voltaire, Nureyev u Oscar Wilde. Se detenía en pequeños kioskos de vendedores de libros antiguos y generaba una atmósfera de parsimonia a su alrededor, diferente de los turistas y los transeúntes. La siguió más allá de la Conciergerie y caminó hacia la Universidad hasta llegar a los jardines de Luxembourg para observarla desde lejos. Ella se divertía con los niños y sus barquitos en la gran fuente de patos.

Francisca se sentó en una banca de los jardines y trataba de entender a una madre de acento marsellés que retaba a un niño con un barquito en la mano. Estaba cansada y tan sólo llevaba tres días en la ciudad. Revisó sus bolsillos y pensó que tendría que vivir de ilegal en 86 dias más al mirar su pasaporte. No tenía mucho dinero y la ciudad más cara de Francia no ayudaba a los aventureros.
Disfrutó pensando en volver a recorrer Montmartre y les Champs-Elysées y se acomodó para comer la fruta que ilegalmente ingresó a la Unión Europea.

Nicolas finalmente la abordó y le dijo que había soñado con ella en Berlin y en su lecho de despedida. Ella lo miró como si se tratase de un loco pero algo en ese hombre de aspecto germánico y cara cansada le hizo escucharlo. Tenía todo el tiempo del mundo y nada que perder.
Él miró extrañado el objeto verdoso que tenía en las manos y ella le ofreció un trozo.
-¿Quieres chirimoya?-
-¿Qué es eso?-
- Es mi fruta favorita. En Chile se dan las mejores del mundo y son dulces y gratas. En mi país me decían que yo era como una de estas frutas.-
Nicolás reconoció el sabor que buscaba hacía años, la dulzura en la boca que sintió frente a la puerta de Brandeburgo. Supo que nada podría separarlo de esa mujer independiente de quien fuera y de donde viniera.
-¿Cómo te llamas?-
-Francisca ¿y tú?-
-Nicolas d'Orange-
-Parece un nombre de aristócrata.-
-Pero no lo es. En español es como "de Naranja".-
Lo miró como entendiendo que algo pasaría de ahí en adelante y con una sonrisa que iluminaría todas las futuras tardes de él, le dijo:
-Nicolas, te enseñaré que es una Chirimoya Alegre.-

Tuesday, October 18, 2005

Lisboa del desasosiego


Bajé al puerto desde Alfama luego de una noche de amor y de fados en mi amada Lisboa.
Siempre fui un hombre gris que hacía bien su trabajo de contador en una oficina de Providencia. Trabajaba para una empresa de turismo y veía hordas de gente que paseaban por el mundo mientras yo desde mi departamento en Avenida España me desplazaba como mucho a mi trabajo. Mi aspecto físico esmirriado poco me ayudaba a ganar respeto y tal vez esto sumado a una madre sobreprotectora que me hizo los deberes escolares toda la vida, me hicieron transformarme en el personaje tímido que era hasta hace una semana.
Siempre fui lo que se podría llamar un perdedor y estuve a la sombra de mis amigos con buenas calificaciones. Tan sólo durante la adolescencia me sentí mejor que ellos, algunos sábados de verano, cuando usaba un par de jeans Levis y unas zapatillas Nike. Pero la ropa pasó de moda y yo con ella. También en los locales de videos y flippers de Blanco Encalada y Almirante Latorre era una dios para pequeños pobres que me veían poner fichas y fichas y jugar con relativa habilidad.
Me quedé con mi novia del barrio y cuando ella me dejó a los 18 años no volví a encontrar otra nunca más. Dejé de ser un chico simpático de 15 en quien fijarse por su simpatía y por tener amigos entretenidos y me transformé en la presencia oscura del fracaso aceptado a temprana edad.
En la universidad seguí los pasos de mi padre contador y esto términó de alejarme de mis antiguos amigos quienes se fueron casando y volviendo exitosos en sus profesiones más atractivas socialmente.
Ya no participaba de reuniones sociales porque seguía hablando de mi grupo de amigos de 15 años, que se juntaba en una terraza perdida en Domeyko con avenida República. Porque allí se quedó mi felicidad, los besos a una mujer y la consideración social. Así acumulé inviernos y vacaciones junto a mis padres donde todo eran dias iguales y muebles antiguos que se hacían viejos con nosotros. Hasta mi hermana que era francamente fea y poco agradable pudo huír de casa embarazada de un pelafustán que, al menos, le regaló alas para viajar fuera del barrio.
Decidí un día ir a un gimnasio, era el día de mi cumpleaños y me hice este regalo que según creí mejoraría mi aspecto pese a mi 1,63 de estatura. Al cabo de 3 meses mi entrenador me envió a un médico para ver el porqué de mi delgadez e incapacidad de engrosar. Ahí descubrí que tampoco podía esconderme tras una enfermedad pues resulté ser sano y tan sólo genéticamente flaco. Al volver miré a mis padres y vi que era igual a ellos y sentí un odio inmenso hacia sus personas, cuidados y consejos.
Para mi cumpleaños me llegó un libro enviado por mi antiguo amigo Pepet desde España, se trataba de "El libro del desasosiego" de Fernando Pessoa y lo comencé a leer luego de dejar el gimnasio. La letra maravillosa de este hombre que escribía como un heterónimo llamado Bernardo Soares me generó una inquietud enorme por viajar y vivir de una manera diferente. Así decidí vender algunas pertenencias y sacar el dinero que mis padres me habían obligado a ahorrar desde mi adolescencia.
Con lo que junté partí, sin decir nada a nadie, rumbo a Lisboa la ciudad de Pessoa o Soares y comenzó el cambio que me ha llevado a los sucesos de la última semana.
En Lisboa decidí volver a calzarme mis zapatillas y mis jeans olvidando mi traje azul y zapatos marrón del trabajo.
Recorrí los lugares turísticos el primer día disfrutando del barrio de Belem y el castillo Sao Jorge, del palacio de Ajuda, la Sé principal y el barrio del Baixa. El segundo día dormí hasta tarde y después me fui al puerto donde pasé por varios bares probando los vinos de Madeira y Oporto. De madrugada y con un ánimo hipomaníaco salí hablándole a la gente por la calle hasta que me encontré con un grupo de borrachos del puerto a quienes les parecí demasiado desafiante hablando en español tan fuerte por un barrio de marinos portugueses. Me demoré segundos en tener a uno mostrándome un cuchillo y yo diciéndole que viniera a matarme. Uno de los borrachos me tiró un cuchillo pequeño para intentar emparejar las cosas y aún no entiendo en medio de la nebulosa de alcohol y bruma como dejé mal herido a ese hombre y al resto mirándome con un respeto que nunca antes conocí.
Al día siguiente comencé a frecuentar las tabernas donde se cantaba fado en el barrio de Alfama y me solacé con las canciones que hablaban de saudade y amores no correspondidos. Decidí comprarme un cuchillo por si encontraba nuevos peligros y con una prostituta portuguesa cuya familia venía de Angola perdí la virginidad con furia en mi tercera noche. Los días siguientes fueron de fado, vino del Douro y comida portuguesa y por primera vez en mucho tiempo conquisté a una mujer que me dió el primer beso en los últimos 15 años.
Bajé hace dos días al puerto a buscar con quien enfrascarme en una pelea y tras mucha sangre me fuí corriendo como un loco huyendo de 5 tipos que quedaron bastante mal con mi cuchillo portugués.
Hoy casi sin dinero bajo desde las Janelas Verdes cantando:
"Lisboa é sempre Lisboa, dos becos y das vielas y las cazinhas singelas da Alfama y da Madragoa"
Luego de una noche de fados y de mi amor la lisboeta que besa con pasión, bajo al puerto a sabiendas que será el último día de mi viaje. Ya no hay rabia ni temor y me reencuentro con los cinco hombres de la otra noche. Veo las cicatrices que les dejé y los cinco desenfundan sus cuchillos. Pienso en Soares, en Pessoa y en mí mismo. Me miran con respeto, mi mujer se preocupa de mi suerte y grita ante mi primera herida, mi sangre con restos de vino portugués se riega por Lisboa y yo sé que soy un hombre por primera vez en esta vida y ya no hay desasosiego.

Monday, October 17, 2005

Shiki y su último haiku.


Shiki se muere porque nació a destiempo. Aún no se conoce la cura para la tuberculosis y su vida pasa en un hospital de enfermeras cansadas que ya no gustan de ver tantos enfermos moribundos.
Nació en Masaoka y su familia era modesta. Esto le permitió disfrutar de los placeres de pájaros y bosques y aunque quiso ser político descubrió en Tokio a los 16 años que prefería escribir.
Shiki es un adolescente pedante que sabe demasiado de literatura y se atreve a escribir ensayos donde contradice a los viejos y enarbola banderas contra los sabios. En la Universidad Imperial demuestra que su verso es temible y perfecto. Genera temor en su entorno por la limpieza de sus líneas y sus haikus son detenciones del tiempo en un punto muerto donde puedes leer la realidad.
Shiki es un poeta implacable que corta la materia como una katana de letras, su cerebro fija el presente, que no existe, en la eternidad de símbolos orientales.
Un haiku es una fotografía del mundo en palabras y armonía. Una imagen de belleza que capta un instante efímero.
Shiki tiene 23 años y tuberculosis.
El periódico "Nihon" acoge sus columnas donde dice que los grandes no eran tan grandes y pone de moda la poesía. (¿te imaginas cómo debe ser que la poesía este de moda y en boca de todos?)
Shiki es, en Japón, un pájaro que canta hasta sangrar. Shiki es, en Japón, un poeta que escupe sangre mientras declama.
Shiki conquista a su pareja haciendo un sacrificio y cantando hasta la sangre y el dolor. Shiki conquista a su pueblo haciendo un sacrificio cantando en medio de la sangre y el dolor.
La enfermedad avanza y cada día lo postra más y más. Ahora caminar es un pequeño lujo y se disfruta del olor de la hierba en las suelas de los zapatos de quienes lo visitan.
El insomnio es su compañero y las percepciones se agudizan en las noches largas. Por las puertas de papel se pueden visualizar, a lo lejos, las velas que se mueven de noche.
Shiki agoniza y escribe mientras escupe sangre. Tiene 35 años y se amarra un lápiz a la mano.
Le traen agua de calabaza y es lo único que sus médicos creen que sirve para aliviarlo. Pero el agua de calabaza se demora en llegar y Shiki espera en medio de las letras.
"Enfermeras de guardia
adormecidas todas
escalofrios."
Las horas pasan y la agonía de Shiki continua, es el destino de su poesía trágica y desafiante. Es la venganza del mundo que no soporta su genialidad.
"Litros de flema
el agua de la calabaza
no llega."
Pero su destino final es la perfección y antes de morir escribe tres líneas más que lo engrandecen y lo rescatan de la muerte, del tiempo y la enfermedad. Su último haiku lo inmortaliza fuera del tiempo y nos deja un final sublime:
"No la bebió
agua de calabaza
la luna llena."

Friday, October 14, 2005

Eternamente despistada


-Otra vez estás distraída. ¿En qué mundo estás ahora?-
-(¡en el mundo donde amo a otro, imbécil!) Perdón no sé en qué estaba.-
-¡Nunca estás aquí donde debes estar! podrían ofrecerte droga y no te enterarías-
-(podrían ofrecerme amor y tú no te enterarías) Tú sabes que soy una despistada.-
-Por lo menos deberías comportarte como lo que eres: una señora casada que va a ser madre.-
-(podría comportarme como lo que soy una mujer casada enamorada de otro y que finge ser una señora casada que va a ser madre) Yo creo que cumplo bien mi papel de esposa pese a ser distraída.

Habían pasado varios años desde que nos casamos y yo aún no sabía hacia donde iba mi vida. Más de una vez había actuado precipitadamente quizás simplemente dejaba que la vida pasara por mí en vez de ser yo la artífice de la misma.
Me acordaba de esa frase francesa de "Laissez faire, laissez passer" y así era mi vida dejando hacer, dejando pasar las cosas frente a mi vista sin decir nada. Sin una opinión clara de rechazo frente a aquellos que no quería o de evidente afecto hacia quienes amaba.
La belleza marcó mi vida y sabía que era deseada. Quizás me escudé en eso y fue una forma de sentirme amada. Pero seguía siendo la niña que no decidía por sí misma y que estaba a la deriva en este mundo donde tener un timón cuesta caro y significa pelear con demasiada gente.
Yo entonces pensaba que bastaba con sentirme deseada y hacía la equivalencia de eso con el amor y al final todo me daba un poco lo mismo porque no era dueña de nada de lo que pasaba a mi alrededor sino que me dejaba arrastrar por la vida.

-¿Cómo es eso que te sacaste el Tarot? Eso es para los tontos.
-(si al menos intuyeras lo que a mí me interesa) Yo creo que si gente tan inteligente como Alejandro Jorodowsky lo estudia, no debe ser una tontera.-
-Y te dijeron que tendrás un futuro normal o seguirás siendo la despistada de siempre.-
-Me salió la carta de los Amantes, el Loco y la Torre. (pero seguro que tú no sabes que eso habla de desastre en el amor y de mi incapacidad para decidir mi futuro).-
- ¿Y eso es bueno?-
- Muy bueno amor.-

Mi vida era simplemente el continuo de un dia tras otro que pasaban iguales. Mi marido seguía definiendo mi vida y mis roles y yo cumpliendo mi papel rigurosamente pues no había otra cosa más que tardes de domingo que se sucedían una a una.
Y entonces llegó él.
Un hombre de mirada profunda y que me permitía soñar con la existencia de otros mundos. El encuentro fue violento y su existencia destruyó todo aquello en lo que creía y me mostró que el amor es algo muy distinto de lo que vivo con mi marido. No importaba que pudiera tenerlo esporádicamente, no me importaba que me dijeran lo que fuera en mi casa. Porque descubrí lo que es sentir de verdad.

- Ven para acá que te voy a comer esta noche.-
-(y yo imaginaré que es mi amor quien me posee y me me hace sentir que soy amada) Claro me encanta hacer el amor contigo.-
- ¿Y qué hiciste hoy en la tarde?-
- Tarot.-
-y ¿qué tal?.-
-El arcano XIII.-
-y ¿ese es bueno?.-
- (Es la muerte que representa el cambio) Es muy bueno me dijeron.-
- Entonces ven para ver que resulta de ese tarot y ese arcano...-

Estoy embarazada y siento temor a los cambios. Es la primera vez que siento que debo decidir cosas ya no para mí sino para alguien importante que dependerá de mí. El amor se diversifica y cambia la forma de manifestar mi vida. Yo creía que tenía dos opciones: envalentonarme y dejar mi vida sosa de dias iguales o continuar la farsa. Tras el Arcano XIII creí que optaría por lo primero, pero mientras pasó el tiempo y no fui capaz de cambiar mi vida perdí la fe en ese cambio y sentí que todo sería igual mientras se me iba la juventud y la belleza.

-Mira, ya no serás eternamente despistada.-
-¿Qué quieres decir Alejandro?-
- Es el Mago, el Arcano I.-
- ¿Y qué significa?-
- Significa que eres dueña de tu destino que ya nada tendrás que vivir por "dejar hacer, dejar pasar". Puede que sigas con tu vida marital, pero será por tu propio designio, no por que no tengas alternativa. Puede que lo dejes todo si así lo deseas o que tan sólo dejes una parte porque así es el mago, es el prestidigitador que mueve los elementos sobre la mesa, que ordena su vida a su gusto y que acepta valientemente sus decisiones. Tal vez le produzcan dolor sus decisiones, pero son "sus decisiones" y por tanto desde ahora eres la dueña de tu vida.
- Entonces, ¿es este un final feliz?-
- Eso lo sabes sólo tú, lo sabe el mago que ahora eres.-

Tuesday, October 11, 2005

La carta.


La zona de la Mezquita era un hervidero de gente donde se realizaban transacciones, se arreglaban matrimonios y los hombres poderosos decidían el futuro de Córdoba, esperando las respuestas del monarca y rector espiritual de la familia Omeya.
Desde la separación de Damasco y la trasformación del emirato en un califato independiente, la ciudad era una urbe magnífica donde se enseñaban las artes y las ciencias con la mezcla de conocimientos de judíos, cristianos y la de nosotros los respetuosos del único Dios Alá y su profeta.
Mi señora me envió contraviniendo las órdenes de su padre, el médico del Califa Al-Cashim ibn Al Mamún, a entregar su carta con contenido secreto directamente a su amado Al-Muzáfar, un general que había ganado fama por derrotar repetidamente a los herejes en los campos del norte de Al-Andalus y la zona baja del reino llamado de Pamplona. El señor Al-Muzáfar era un hombre hermoso, alto para venir de Magreb, de piel oscura y ojos iracundos que mostraban su poder. Mi señora lo veía desde los balcones cuando pasaba en su caballo de guerra ataviado con el alfanje brillante y el casco de batalla. Ella lo amaba sólo de ver su estampa gallarda y viril sabiendo de sus gloriosas batallas donde cortaba las cabezas de los herejes inspirado por Alá. No se había casado y ella pensaba que si le daba el primer hijo varón sería la favorita de sus esposas.
Al-Muzáfar era ambicioso y habiendo visitado a mi señora le pidió, como prueba de su amor, que le enviara los escritos secretos de su padre médico, quien conocía de alquimia y frecuentaba amigos sabios en la judería. El señor de la guerra sabía que consiguiendo algunos de estos secretos como la panacea que todo lo cura y los secretos para hacer metales más resistentes podría salir vencedor y transformarse casi en un imortal para al final obtener el poder y ser el nuevo califa.

La carta estaba escrita con la más bella caligrafía como sólo mi señora sabe hacerla. Normalmente lo siervos como yo no tenemos acceso a la escritura o la lectura, pero mi señora cuando yo era un niño me enseñó ambas cosas y entonces antes de entregar la carta pude leerla para descubrir las más bellas expresiones, emanadas de los poetas clásicos de Persia, Damasco y Egipto, de las palabras del profeta y de la tradición que permite a las mujeres hablar de amor. Supe que esa carta era la más sublime expresión de amor que yo había visto y sentí pena de tener que entregarla y no hacerla mía.
En mi viaje desde Al-Zahra hice una copia de la carta y por envidia de la suerte de Al-Muzáfar cambié un par de elementos para fabricar la panacea que todo lo cura.
Luego de hacer las abluciones, caminé escondido por los arcos de la Mezquita hasta encontrar al guerrero que esperaba el mensaje. Los arcos blancos y rojos repetidos hasta el infinito para gloria de Alá me ocultaron al entregar la carta, tal y como me lo había indicado mi dueña.
Al-Muzáfar apenás miró las letras magníficas de mi señora y en cambio detenidamente me miró de arriba a abajo y me dijo que él no quería casarse sino que amaba la guerra y los soldados. Y con un abrazo más que fraternal me ofreció ser su criado y acompañarlo en su tienda de guerra a todas partes pues amaba más a los jóvenes guerreros que a las mujeres. Que él era igual que Alejandro Magno o los extraños griegos de Bizancio.
No dudé en entregar la carta copiada y adulterada por mí. Y tras agradecer su oferta y decirle que yo servía fielmente a mi señora, me retiré con la pena de saber que ella no sería correspondida.
Al llegar donde mi dueña le hable del amor que le profesaba Al-Muzáfar y canté los poemas que supuestamente él le había dedicado. Ella creyó en mí y yo le entregué una carta que hice, durante el camino de regreso, plagada de lo que yo sentía por ella, es decir un inmenso amor.

En medio de una batalla contra un ejército castellano de escasa cuantía y poca capacidad militar un mes más tarde moría Al-Muzáfar de manera extraña. Su cuerpo quedó seco y pálido y los médicos del Califa Omeya dijeron que seguramente habría tomado una falsa panacea con uno o dos ingredientes equivocados.
Mi señora lloró la muerte de su amado por meses y leía mi carta creyendo que él la había querido como yo realmente lo hacía.
Yo no hubiese soportado que ella supiera las inclinaciones de Al-Muzáfar y su falta de constancia amorosa.
Hoy le canto de vez en cuando aquellos poemas que en realidad son míos. No puedo sentir arrepentimiento pues sé que Alá guia mi mano al escribir poesía, sé que nada ocurre por azar y que todo está escrito. Y por último sé con claridad, tan absoluta como la Mezquita de Córdoba, que también guió mi mano al escribir los falsos secretos y especialmente las cartas.

Saturday, October 08, 2005

Déjame entrar al Reino.



Siento mis latidos con fuerza entrando por la puerta de Serranos
y el aliento me falta para decir el nombre del Reino.
Han sido batallas y capitulaciones para llegar hasta el mar
porque lo que deseas siempre cuesta una parte de ti
como a Wotan le costó un ojo obtener la lanza del Fresno.
Tú sabes de batallas y capitulaciones y también de conquistas
conoces lo que es ser un mercenario y ayudar
a los que no son de tu raza ni de tu religión contra los tuyos.
Y todo por darle a tus hijas un buen pasar y un par de maridos honestos.
Fueron cerca de diez mil hombres los que combatieron aquella tarde
y tú le suplicaste al sol que no se fuera para poder matar
a los que escapaban de tu espada brillante a protegerse bajo la noche.
A ti te han desterrado injustamente pero crees aún en tu rey.
Ese que tú sabes que mató a su hermano para llegar al trono
pero que al final es tu rey y tu verdugo en las noches lejos de Burgos.
Yo también sé de destierros y conozco traidores y santos,
pues a mí también me enviaron lejos de mi tierra empeñando
con los judíos mis bienes más queridos en lo que a materia se refiere.
Yo también veo lejano el Reino porque a veces la fe flaquea aunque
Santiago dirija mi mandoble y la Virgen guie mí mano al castigar al hereje.
Si tú pasas por el Reino que he ganado para los míos y para mi rey fratricida
si tú recuerdas que algunos dejamos nuestra patria para conquistar
un mundo mejor que nunca podrá ser mejor de verdad,
recuerda que alguien espera tu caída aunque seas un leal vasallo
porque tú éxito es insoportable para los mediocres
y tu cuerpo palpita con furia al pasar por la Torre de Serranos, haciéndoles saber
que el Reino es tuyo y es la noble dote de tus hijas y tu viuda.

Amor en Melilla


Cuando salté la valla pensé que nada podría importarme si lograba llegar al otro lado, ya había fracasado hace 2 años intentando llegar en una "patera" cuando la falta de agua me llevó a a estar al borde de la muerte y me devolvieron al hambre y la necesidad de llevar un arma en mi país natal.
Creía que mi piel oscura y mi olor no era del gusto de esta gente que para mi huele a muerto pero que son la clave para vivir mejor; sin embargo tuve que llegar aquí para descubrir lo contrario.
Desde que conocí la cercanía a la muerte sin saber nadar y deshidratado observando como embarazadas y niños se morían en el barquito de papel que nos transportaba a la Península ya no tengo nada que perder. Mis padres murieron en la guerra y de mis 11 hermanos quedamos 5 una de ellos con SIDA pues un potentado del pueblo decidió curar su mal con la virginidad de la pequeña.
Yo decidí cuidarme como me enseñaron los misioneros italianos de quienes aprendí a hablar la bella lingua. Eran buenas personas pero muy estrictos y me acostumbré a uno que otro golpe para corregirme y al silicio los viernes para parecerme a Cristo. Aprendí a leer y me prometieron que un día iría a Roma si me hacía sacerdote, yo prefería tener una familia, pero no alcancé a mentirles pues la guerra se los llevó como a todos los blancos.
En el campamento donde estoy me trataron bien. Todos sabemos que los españoles pese a su forma de hablar bastante más brutal que los franceses son mucho más humanos a la hora del trato y parece que están presionados por su gobierno para que no se vea maltrato en los campamentos.
Melilla según lo que me contaban es una rareza de nuestro tiempo, eso de tener colonias en África es de trasnochados y parece que es como un ajuste de cuentas por que a ellos les quitaron un pedazo de tierra en Gibraltar. Aquí me quitaron los piojos y me curaron una heridas que me dejó el salto de la valla.
Por mi tienda pasaba una vez al día la española que nos daba la comida de la tarde. Era una mujer gorda y grande daba gusto saber que en Melilla se podía comer bien y llegar a tener esas elegantes carnes suaves. Era voluntaria en el campamento según supe por los senegaleses que se reían al contarme algunos detalles de la amable María Sagrario. Ellos me hicieron saber de la debilidad de la chica por la piel oscura y como contrastaba su vida sexual con los mensajes de catecismo que daba a todos. Yo por los italianos sabía de mandamientos y pecado.
Lo que más me gustó fue saber que explicaba muy bien los mandamientos pero del sexto decía que se trataba de ser bueno en general.
Sabíamos que ella tenía una debilidad por los hombres de mi color y que iba rotando mes a mes por nuevos amantes. Decidí entonces mostrarle mi interés por el catecismo.
Le dije que estuve a punto de hacerme sacerdote y parece que eso sirvió para provocar mayor interés en ella.
Nunca había visto tanta carne junta en una mujer, formas tan espléndidas que ni nuestro mejor ganado tiene aunque hayan pastos tiernos.
Durante un mes me visitaba a diario y me contó que algo la impulsaba a buscar y buscar hombres y en especial negros. ella sabía que algún dia se podía coger una enfermedad pero el deseo era mayor.
En esos día se tramitaba mi expulsión de Melilla lo que paradojalmente podía convertirse en mi salvoconduto para quedarme en España para siempre.
María Sagrario llegó llorando un día contándome que su método anticonceptivo había fallado y que por sus cálculos íbamos a ser padres. Como buena católica decidió que debíamos casarnos y eso significó para mí la permanencia en Melilla.
Hoy miro correr a mi pequeña mulata y cumplo los mandamientos. María Sagrario recorre los campamentos y espero que no vuelva con alguna enfermedad o un nuevo hijo, pues su debilidad persiste. Yo tengo ahora una hermosa panza que miran con envidia los recién llegados y revela mi status. Y del sexto mandamiento sólo me acuerdo cuando el silicio me presiona demasiado los viernes por la noche.

Thursday, October 06, 2005

Las palabras no pueden hacer tanto daño.


Yo creo que las palabras son menos dañinas que muchos actos, sin embargo a veces te pueden traicionar y las apariencias escritas en papel o dichas sin pensar son una trampa.
Milán me dejó con un sabor fashion que debo decir con cierta vergüenza que me gustó. La galleria Vittorio Emmanuele y sus tiendas y desfiles en la calle. La disco Casablanca y su gente que mira sin verte me hizo sentir algo más viejo y menos capaz del ridículo que antes. Sus edificios, su gente, la ropa y la gastronomía me fascinaron. En una de las comidas el menú engañosamente me llevó a probar lo que con horror otros vieron sólo como arroz con salchicha, tratándose nada menos que de un risotto con el mejor arroz carnaroli de textura consistente, crema, pomodoro fresco, queso y trocitos de exqusita charcutería lombarda.
Milán me provocaba curiosidad y esto de ir en la semana de la moda me llevó a un mundo que mezcla glamour y decadencia. Las modelos con sus cuerpor largos y frágiles me generan sensaciones encontradas al ver belleza y esa delgadez anoréxica que al final me incomoda.
En dos oportunidades pude sentir esos cuerpos que parecen quebrarse entre los brazos y la verdad es que me quedo con formas más contundentes. Siento que tocar esos cuerpos de líneas verticales y poco desarrollo hormonal me sugieren la sensación de hacer el amor con una niña o con un personaje andrógino donde mis espacios transversales dañan esa longilinea anatomía.
La primera vez fue a los 16 años cuando ella tenía 15 y se paseaba como aprendiz de pasarelas de poca monta por Providencia y Las Condes. Al poco tiempo logré aburrirla con mi interés por Borges en aquella época, pero antes me enseñó todo aquello que alguien debe saber de los ambiguos Dolce y Gabbana, los colores de Versace, las biografías de Lagerfeld, Coco Chanel, las telas de Valentino y los zapatos de Ferragamo. Y de pasada me dejó con el avergonzante deseo de viajar a la Place Vendôme y la semana de la moda en Milán. Según supe ahora es el rostro de Hites o algo por el estilo.
La segunda fue en este hemisferio y para ella yo era un personaje exótico que la divertía viniendo del sur del mundo y hablándole de realismo mágico y geografía extraña. Era de piel clara y pelo castaño con rasgos finos y algo fríos, con su metro ochenta y 50 kilos me hacía sentir mal de apretarla demasiado con mis manos torpes. Con el tiempo me transformé en algo raro en su mundo y me paseaba haciéndome hablar de libros y música con sus amigas de ignorancia supina. Creo que al fin llegó a quererme un poco.
Cuando llegó la hora de desnudarla fue extraño pese a que intuía lo que pasaría. No dejó de sorprenderme su falta de formas suaves y la dureza de sus caderas huesudas y al fin toda la estrechez de su cuerpo que casi no pesaba. Ese fue el principio del fin y nuestra vida sexual fue breve y tradicional.
Durante el otoño decidió ir a probar suerte a Italia y yo me encontré una belleza en Madrid de pecho maternal y caderas dulces y amables. Siendo un creyente no me sentí en condiciones de rechazar este regalo del Altísimo y pequé.
Volvió con el peso del fracaso y de nos ser elegida para Pasarela Gaudí en Barcelona lo cual fue aún peor cuando le confesé mi inconstancia. A diferencia de aquello que pensaba acerca de su frialdad en cuestión amorosa, se lo tomó bastante mal y durante dos semanas no dejó de llamarme y hacerme la vida difícil.
Su acto final que mostró toda su personalidad histriónica fue un escadalillo en mi universidad frente a mi grupo de amigos. Y cuando ya comenzaba a subir la voz y yo infructuosamente intentaba explicar que la carne se rinde frente a Hedoné, un momento de iluminación me llevó a decirle en voz alta mi pensamiento peregrino: "estás...más gorda". Hubo un silencio sepulcral y una que otra risita de parte de las mujeres.
No he vuelto a verla pues sus médicos me dijeron que tenía las visitas prohibidas en aquel lugar donde la alimentaban por una vena y le administraban varias pastillas.
Yo no creo que fueran mis palabras las que le pudieron provocar su crisis porque ya venía mal de antes y yo no creo que las palabras tengan tanto poder como dicen.
Paseando por la calle Montenapoleone me parecía verla en cada escaparate inmóvil y quebradiza.
Mientras disfrutaba mi risotto preferí pensar en mi amor de formas voluptuosas y dejar las modelos en un sector más escondido de mi memoria.

Tuesday, October 04, 2005

Cuestión de Principios. Otro cuento a medida.


Trabajaba en un grupo de música en Curepto allí animábamos matrimonios. A mi nunca me gustó tocar guarachas en los matrimonios, son tan antiestéticas y ver a los huasos bailar ese baile es un espectáculo horrible. A mí me gustaba tocar rancheras que es lo que mi abuela y mi madre escucharon siempre. La gente se anima con las rancheras y baila cerca uno de otro algo rápido y entretenido. Las rancheras además se adaptan bien al hombre de campo y aunque algunos me digan que la cueca es el único baile que le va a un huaso y una china, yo le ofrezco a cualquiera ver la belleza de una ranchera bien tocada y bailada.
Para aprender a tocar acordeón mi madre me mandó a Talca eso fue después que me echaran del colegio, según ellos yo no era muy hombrecito y me gustaba mucho más la música que el rodeo y eso era raro. Mi madre en cambio siempre me ha dicho que yo soy el hombre de la casa aunque a mi no me guste ir al campo y tampoco me atraigan mucho las chiquillas del pueblo. Cuando nací mi padre nos abandonó y me obligó a ser conocido como el "guacho", Luchito el guacho llegado al colegio. El viejo tocaba el acordeón y dejó el instrumento en la casa la noche que escapó del pueblo para no hacerse cargo de su "domingo 7".
Yo empecé como autodidacta y el profesor de básica que sabía de música me enseñaba a tocar el viejo acordeón de mi padre. Todos comentaban que el profesor era medio marica y que me tocaba más de lo que se acostumbra. Pero eso era mentira porque aunque afeminado jamás se aprovechó de un niño.
Así me fui a Talca donde terminé el colegio y aprendí a tocar el acordeón mejor que nadie. Me eduqué todo lo que pude en el mundo ficticio de los estudiantes de música rodeado de gente de dinero y a sabiendas que mi único patrimonio era educarme todo cuanto pudiera. Me iba bien con la música más seria y Piazzola me salía con facilidad aunque no tenía un bandoneón; recorría las teclas y botones con dulzura y habilidad; pero mi origen me traicionaba y me obligaba a tocar mi pasión, las rancheras.
El pianista de la orquesta me miraba mucho en Talca y yo lo encontraba hermoso y perfecto cuando acariciaba sus teclas blancas y negras. Yo no es que me sintiera homosexual sólo me atraía su imagen produciendo belleza. Nunca le hablé porque era de una familia de mucho dinero y quizás no le gustaría ser amigo del guacho de Curepto.
Ahi fue cuando comencé a trabajar en matrimonios, tocaba de todo pero en el enlace de la niña Carmencita Rojas y su novio Pedro Rojas que eran primos, fue cuando toqué mi primera ranchera en público con un éxito inimaginable. Yo miraba a Pedro con su terno azul y se veía lindo bailando mi ranchera con Carmencita.
Pero todo se complicó en la boda de los Jaramillo, cuando empecé a deleitarlos con mi música y uno de ellos se curó y consideró que yo lo miraba demasiado. Era José Jaramillo, el JJ, un hombre bruto pero con un cuerpo proporcionado y fuerte moldeado en la vendimia. Se me acercó y en medio de una jerigonza de insultos se abalanzó sobre mí haciendo que el acordeón que me heredó mi viejo al abandonarme saliera lejos y se dañara mucho.
Lloré toda la noche y aunque me pagaron tres veces lo acordado nada podía cambiar lo ocurrido.
Con todos mis ahorros en la mano partí a Santiago a ver la forma de reparar mi instrumento. Mi madre me dejó en la estación del tren. La abuela lloraba porque yo nunca había salido más allá de Talca.
En Santiago decidí salir a mirar el mundo y fui a un concierto en la Plaza Baquedano, esa noche tocaba mi amigo el pianista de Talca, aquel que se veía hermoso tocando a Brahms.
El concierto fue muy lindo y él no había cambiado en nada su belleza. Su pelo rubio y ahora largo flotaba iluminado y contrastado sobre el piano Blüthner de un negro inmaculado.
Lo esperé a la salida del teatro con cierta vergüenza y cargando mi deteriorado acordeón, no pensé que me reconocería; pero lo hizo.
Me invitó a su casa para recordar viejos tiempos. En su departamento de muebles simples y líneas rectas me preguntó que hacía y yo le conté que me ganaba la vida con el acordeón. Le relaté lo de JJ y entonces me ofreció ayuda para reparar mi instrumento roto. La conversación fue fluída y grata y bebimos mucho recordando la Talca de fines de los 80.
Tras la botella de Whiski y el cuarto martini, él intentó besarme y aunque sentí un cierto placer con sus labios recordé que yo era el hombre de la casa como decía mi madre y que no era que me gustaran los hombres sino la belleza encerrada en ellos.
Lo alejé y le dije que me iba. Él tomo mi acordeón y sacándolo del estuche lo golpeó diciendo: "A mí no me rechaza ningún guacho". Recuerdo poco el resto pero a veces veo como mi acordeón se estrellaba contra su cabeza y su pelo rubio quedaba ensangrentado y él finalmente inmóvil como al terminar sus Brahms.
Ahora los muchachos de aquí me piden tocar alguna cosa los fines de semana. Comencé de abajo y haciéndome amigo de los que mueven sus negocios desde aquí adentro logré hacerme mi espacio y conseguir el mejor acordeón de mi vida. Tengo aún veinte años para perfeccionar mi técnica. A veces mi madre y la abuela vienen a verme y lloran porque el hombre de la casa está encerrado. Repararon el acordeón que dejó mi viejo al abandonarme y dicen que me esperan en el pequeño Curepto.
Me respetan porque maté a un hombre que quería tratarme como un marica. Aquí toco las mejores rancheras y ya todos saben que de guarachas ni hablar. Uno no va a traicionar sus principios por muchas cosas que pasen.

Sunday, October 02, 2005

De regreso



Queridos amigos he estado fuera por algunos días por cuanto no había escrito nada en esta liberación informática que he tenido por 5 dias.
He tenido la mala suerte de hacer un viaje a un inspirador lugar donde he recargado fuerzas para continuar con mis estudios y escribir de vez en cuando. Además de comprarme encantadores objetos que permiten seguir con mi ascética vida: vestuario y productos gastronómicos para un eremita como yo.
He estado pensando en la proposición del cuento de un hombre que viaja a arreglar su acordeón para seguir tocando rancheras, espero que de aquí a mañana hayan frutos.
Donde fui la tradición dice que al pisar y bailar sobre los genitales de este toro ubicado en el piso de mosaico uno obtendrá suerte en diversos aspectos, espero que uno de ellos sea la creatividad...pero igual preferiría que fuese el dinero.