Chocolate y Churros

Volver a Madrid ha sido como internarme en la espesura del invierno, la ciudad y su plan urbanístico de remodelación de vías como la M30, que circunda la ciudad, genera un paisaje desolador de cemento en la carretera más peligrosa de Europa hoy en día. Si a eso le sumamos la cobertura periodística de la hija del príncipe Felipe y la princesa, de origen plebeyo, divorciada y tildada de anoréxica, Letizia de Asturias, la verdad es que todo ha sido bien contrastante con la engalanada Sevilla.
Al llegar el día era gris y la lluvia era tenue pero molesta. El viaje en auto por esta ciudad con obras por todos lados se me hizo algo más placentero con algunas arias de oratorios profanos cantadas por Cecilia Bartoli.
Llegué temprano pues salí de noche cruzando Despeñaperros en la madrugada (que nombre más extraño ¿verdad?) por cuanto obligadamente tuve que llegar a tomar un desayuno cálido que me reanimara tras el viaje.
Me llamó cuando venía entrando a la ciudad, cuando pasaba un paseo del Prado casi vacío rumbo al barrio de Salamanca y ciertamente mi dulce noviecita mostró el sexto sentido de su sexo cuando antes de cortar me preguntó si algo me pasaba. Pareciera que los hombres presentamos mínimos cambios en el tono de voz, en la actitud y la prosodia que hace a las mujeres detectar cuando has estado con otra. Sin embargo me esperaba con chocolate y churros como toda madrileña sabe esperar en una mañana fría.
Entré al departamento (piso como le dicen los españoles) que estaba a una temperatura grata y confortante. Me recibió con un beso y yo intenté parecer lo más inocente posible y apasionado en mi respuesta. Su habitación de color verde se oscurecía como la noche gracias a una cortina que cerré apenas entré. Sentía el cuerpo desregulado térmicamente después de 2 noches sin dormir y más que una mañana animada deseaba una cama tibia donde descansar. La cama de Rosario es enorme, es de esos lechos que están fabricados para dormir en pareja con holgura, donde debes ir a buscar a tu mujer haciendo más entretenida la propuesta. Siempre arreglada perfecta, cubierta con ropa de cama hermosa que invita a usarla.
Las camas siempre me han parecido fascinantes. Nemesio Antúnez me encantaba con sus series de camas y parejas bailando. Y la cama de Rosario es una de esas que dejan recuerdos imborrables en especial cuando la tuya es pequeña y sin mayores comodidades.
Abrí su bata de levantarse y me esperaba desnuda. Me pareció, una vez más, tan raro esto de cambiar de mujer en tan poco tiempo. Pareciera que cuando tienes pareja aparecen rachas de oportunidades donde encontrar más y siendo agradecido de los dones que el cielo me envía se me hace tan difícil rechazarlas.
La mañana fue dulce y relajada, sexo de baja exigencia y el deseo fundamental por parte de ella de abrazarnos y quedarnos dormidos tras un orgasmo que no fue especialmente hollywoodense.
Pese a todo me gustó y ella estaba muy feliz.
- ¿me echaste de menos?-
- Obvio, me habría encantado que me hubieras acompañado.-
-¿Te gustó la ciudad?, ¿qué viste o fue sólo tu simposium de literatura renacentista a lo que te dedicaste?.-
- Bueno, fui a la catedral, la Macarena, La Plaza de España, al barrio Santa Cruz...-
-¿Viste el Hostal de Don Juan?-
-Eh... si... creo que está en una plaza.-
-¿Y paseaste por Triana? ¿de seguro que en la noche se fueron a por unas copas allí?-
- Si, estuve, es un lindo barrio y hay una calle muy animada con bares y terrazas.-
- Ya sabía...-
Sentí que los colores se me subían y me oculté en la oscuridad de la pieza.
- Mi prima, Amparo, dice que te vió paseando por allí, me llamó por teléfono para contarme que estabas mirando un mapa con una chica en una terraza.-
Decidí tranquilizarme y actuar con cautela midiendo cada palabra, pues en la cacería que hace una mujer en esas condiciones, con la presa somnolienta, cansada, con la clásica torpeza postorgásmica y esa intimidad de la oscuridad y la tibieza, uno fácilmente puede confesarlo todo.
-Debe haber sido la guiri alemana que no hablaba español.-
-¿Y era del simposium?-
-Era una estudiosa de Tirso de Molina y estaba conociendo Sevilla por primera vez, yo le ayudé a llegar a la Torre de Oro y me invitó un té en agradecimiento.-
-¿Un té?... te hubiera invitado una copa al menos en Sevilla.-
- Bueno tú sabes lo aburridos que son los alemanes y además una copa es algo que se invita entre amigos.-
El detalle del té le pareció tranquilizador por lo que entendí y no volvió a preguntarme nada sino pasados algunos minutos.
-¿Y la alemana estudiaba español?-
-No, ni siquiera hablaba un par de palabras, sólo le interesaba la literatura española, pero lo habría leído todo traducido supongo...-
-¿Y en la noche no saliste?-
-No, estaba cansado y el hotel pese a ser barato tenía una habitación agradable, además vi el partido del Betis con Villarreal, tú sabes que el entrenador es chileno, se llama Pellegrini.-
- Amparo me dijo que después te perdiste y que no te volvió a ver, no alcanzó a saludarte.-
-Bueno tú sabes que los hombres por el fútbol somos capaces incluso de quedarnos encerrados pegados al televisor.-
- Vi en las noticias que fue bien polémico el arbitraje. ¿Que fue lo que pasó?-
Agradecí escuchar noticias en la radio durante el viaje de vuelta.
- Anularon un gol legítimo y obligaron a lanzar de nuevo un penal que había sido atajado.-
-¿A veces te aburro, Pepet?, lo que pasa es que me puso celosa que conversaras con alguien que me describieron como bonita, pero yo sé que a ti no te gustan esas alemanas que son tan sosas, poco limpias y que ni se depilan.-
-Ah, tontita, ¿cómo te puedes poner así por una de esas alemanotas con axilas peludas?.-
La tensión caía y yo me libraba de la trampa pasando al terreno donde podía pisar con más seguridad. Pensé que no podía saber exactamente lo que había ocurrido de lo contrario no hubiera hecho el amor conmigo esa mañana.
- Es que Amparo me dijo que no te volovió a ver y que la alemana también desapareció y yo soy tan insegura... Pepet ¿yo te gusto?-
No pude dejar de recordar las palabras de la alemana y el contraste de anatomías, la altura, las proporciones, el color de la piel y los ojos, los cabellos rubios en contraste con los cabellos negros de mi madrileña, Rosario con el cuerpo perfectamente depilado y la alemana con todo el desparpajo del mundo sin sacarse nada.
Volví a hacer el amor, sabiendo que el cansancio sería una inversión de tranquilidad futura. La cama me parecía cada vez más tentadora para dormir y tras terminar me entregué al sueño mientras Rosario me acariciaba la cabeza. La miré antes de dormirme y la vi hermosa, como a casi toda mujer que acaba de hacer el amor. Recordé eso de: "Ma in Spaga son ia mille tré" ¿lo lograré algún día?
Al despertar la cama estaba vacía, pensé si había cometido algún error y me levanté con algo de inquietud.
Rosario estaba en la cocina y en el comedor de diario había una taza de chocolate caliente y churros.
-Cariño, te despertaste, yo te iba a despertar ahora para tomar desayuno.-
-Mmmm, se ve exqusito.-
-Lo preparé para ti.- Me sonrió con dulzura. - Porque te amo.-
Mojé un churro tibio en el chocolate y lo degusté lentamente.
-Yo también te amo, cariño, yo también.-















