Pepet el Anacoreta

Bellísimas narraciones y opiniones de la vida de Pepet.

Monday, September 12, 2005

Silencio de Guardia


Juan Eugenio Villafranca Waisman era un personaje de esos que no entran bien en ningún grupo de la Facultad. Los primeros años intentó paracer simpático y amable haciendo de anfitrión en su casa para cuanto evento existió. En esa época se hizo amigo de un grupo de deportistas con quienes iba a gimnasios y partidos de baby fútbol pero lentamente se fueron cansando de él por su torpeza en el juego y sus comentarios extraños en torno a leer a Marcela Serrano.
Sintió que volver a sus orígenes judíos podía ser una forma de adaptarse a un grupo pero allí sólo encontró normas y nada de amistad, pues lo sentían un extraño que se allegaba a ellos por no calzar en ninguna parte. Aburrido de pizzas vegetarianas y tardes de sábado sin nada que hacer comenzó a acercarse a un grupo de intelectuales a quienes se arrimó a través de libros y poesías, de cine arte y libros de autoayuda y evidentemente fracasó. No era bien mirado su gusto por Marcela Serrano e Isabel Allende, dos escritoras de libros fáciles con olorcillo a realismo mágico. Nadie quiso que se exhibiera Love Story en el cine club y al parecer al llegar a Hegel dejaron de invitarlo.
Nosotros lo encontrábamos simpático y su familia adinerada con un padrastro que se llevaba a su madre la mayor parte del tiempo a Nueva York le dejaba una cantidad de recursos suficiente como para que disfrutaramos de su compañía. Era sin embargo un poco extraño que se limara las uñas en clases y se comentaba que miraba a los auxiliares varones y a los médicos con ojos un poco más amables de los que un hombre debe tener.
Juan Eugenio nos pidió un día que le dijeramos Eugenio pues dijo que ese era el nombre que siempre le habían dicho en su familia y tras esto comenzó a hacer turnos de cirugía como nunca antes.
En su turno de guardia cada seis días dejaban de dormir 14 personas que trabajaban contra todas las carencias del sistema público y tenían los problemas habituales de esos turnos de guardia: errores médicos, personas que no se alcanzaban a atender, acciones quirúrgicas con personal medio dormido y esa prepotencia que se acostumbra en la urgencia cuando ya todo te supera, esa violencia contra el que acude por un resfrío o un dolorcillo irrelevante o aquel que llega a las 5 AM luego de haber estado 4 dias con su molestia. Pero las normas del turno de guardia son severas y dicen que nada sale del turno. Nadie habla fuera de él y la traición se paga duramente.
Nadie sabe exactamente que pasó ese sábado donde 24 horas seguidas en fiestas patrias eran un martirio o un reto según quisieras verlo.
Llegó un paciente VIH positivo con la aorta dañada por una herida penetrante por arma blanca. En los vestidores parece que Eugenio miraba los calzoncillos del residente de cirugía más de lo que se debiera y su observado aprendiz de cirugía se pavoneaba mostrando más de lo que se acostumbra en un lugar como ese.
Un auxiliar borracho en una comida dos años más tarde contó que los vió besarse. Una enfermera comentó que Eugenio nunca contuvo bien la hemorragia en el pabellón, que cortó sin querer la mano del residente de cirugía y que el jefe de turno lo sacó a empujones. El alumno del turno comentó tímidamente en su graduación que Eugenio habló con la familia del paciente y les contó de ciertos errores de la atención de esa noche. La arsenalera del pabellón por su parte antes que la sumariaran y se fuera por un supuesto robo de material quirúrgico, contó en su fiesta de despedida, con una copa de champaña en la mano, que a Eugenio lo golpearon hasta casi matarlo esa noche y que sangraba.
Nadie en realidad sabe bien que pasó. Sólo sabemos que Eugenio no volvió más al hospital fáltándole poco más de un año para terminar la carrera. Su madre vino un día y nos dijo "vengo a buscar las cosas de Juan", por lo que supimos que nunca le habían dicho Eugenio.
Hace poco lo encontré bebiéndose unas copas en Chueca, estaba tomado de la mano con su novio y se veía feliz, tenía la nariz operada y más respingona y al verme fingió no conocerme volviendo la cara.
No me acerqué a él y sólo tome una foto donde aparece como parte del paisaje de Chueca.
Seguí sin saber que le había ocurrido pues nada sale del turno de guardia independiente de donde estés y cuanto tiempo haya pasado.

22 Comments:

At 1:46 PM, Anonymous Anonymous said...

Esto es verdad?

 
At 2:19 PM, Blogger Pepet el Anacoreta said...

Por supuesto que tiene verdad.

 
At 2:31 PM, Anonymous Doctor Who said...

me parece muy poco ético que escribas cosas verdaderas con nombres y apellidos, pues si son reales pueden dañar a alguien y no tienes derecho a revelar la vida de nadie.

 
At 4:32 PM, Blogger soberbianaif said...

me està cansando la gente!!!...es un relato que deja mucho para pensar, y un tema que me parece interesante....
tu diversidad me mantiene cautiva...
un beso....y mìrame uno de estos dìas
(me encantan tus perfiles)

 
At 4:56 PM, Blogger Pepet el Anacoreta said...

¡Qué bálsamo para el ego! Dicen que nada te deja más vulnerable que un comentario agradable.
¿Será esa la soberbia naif?

 
At 5:00 PM, Blogger Pepet el Anacoreta said...

a doctor who:
Me recordaste aquella serie de los 70 y 80 (en Chile porque en UK es mucho más antigua) Eso de volar en el tiempo y espacio al entrar a una cabina telefónica londinense eran los últimos estertores del imperio británico.
Pero volviendo a tu comentario si gustas puedo dejarte la dirección del doctor Villafranca y su teléfono para que te ayude con algún problema de cáncer de mama.

 
At 11:35 PM, Anonymous sueño crónico said...

Trabajo en una guardia de urgencia y estas cosas que tú describes no ocurren y somos gente normal.
Hay imágenes estereotipadas de nuestra actividad.

 
At 12:50 AM, Blogger Unferth said...

Yo también he vivido las guardias y, si bien suelen ocurrir cosas normales, también he de decir que ocurren cosas muy extrañas.
Saludos.

 
At 1:39 AM, Blogger Verónica Reyes Serra said...

Extrañas o normales, las cosas ocurren igual. En fin, uno es libre de publicar lo que quiera siempre y cuando tenga fundamentos y "apoyo" para verificar lo escrito.

Mil saludos!!

 
At 1:53 AM, Anonymous Jenny said...

Yo hago turnos en un hospital grande de Santiago al cual llegan cosas muy terribles con historias que a uno lo sobrecogen.
Entre los médicos se establecen extrañas relaciones de amor y odio y varios son pareja, hetero o no. El jefe de turno es un personaje sagrado que se ha ganado un status especial por trabajar muchos años contra todas las dificultades del sistema y yo he visto a muchos jefes de turno insultar y hasta golpear a gente que trabaja con él.Además si hay tirantez en las relaciones se nota y los más débiles salen perjudicados. Es un mundo raro y dificil el de los turnos.

 
At 6:02 AM, Anonymous Arcano XXII said...

Mi paso por una urgencia fue por una mordedura de perro en medio de mi viaje. Yo viajaba sólo con zurrón con pocas cosas y al llegar me quitaron todo en la urgencia, incluyendo mi colorinche ropa.
Salí de ahí casi escapando pues sentía que me ahogaban. Reconozco que tomé "prestado" un fierro del cual colgaba un suero y me lo llevé a modo de bastón.
Y seguí mi viaje cuidandome de las mordeduras de los perros.

 
At 9:18 AM, Blogger Pepet el Anacoreta said...

Mmm..."El Loco" ha pasado por mi blog dejando su mensaje de desolación y futuro incierto. Así es "el Loco" del Arcano XXII mordido por un perro con su ropa hecha jirones.
Saludos al caminante sin sentido.

 
At 7:06 PM, Anonymous Anonymous said...

Hace un rato que no me entrtenia tanto con un blog, suenas sincero y alocado, tus letras tienen cierta magia y de un u otro modo me recuerdas a Heminwey

 
At 3:38 AM, Blogger philflynn70558665 said...

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At 8:15 AM, Anonymous Anonymous said...

Anacoreta,
y cual personaje eras tú?
dejame adivinar...El joven Juan Maeso, Ups!

 
At 10:03 AM, Blogger Ángel mutante said...

Oye pepet lo más gracioso de todo es la cantidad de comentarios anónimos o pseudoidentificados que tú mismo te haces. Eso me encantó, me fascinó, eres tan especialmente retorcido y patético, mi querido que me atrevo a besar tímidamente tu pequeño pene literario...

Y otro besito que de a poco te va teniendo cada vez menos antipatía y repugnancia.

 
At 1:51 PM, Blogger Pepet el Anacoreta said...

La rabia y la envidia te están matando. Los mensajes me están quedando cada vez más reales incluso pienso incluírlos en una antología.
Pero no te preocupes lo que te ocurre es un síndrome típico de algunos que se frustran por no escribir bien, más frecuente en mujeres por cierto.
Voy a estar haciendo unos talleres para aficionados, te aviso cuando empiecen. Van a salir un poco más caros que los del senador Flores pero incluyen vinos de Pomerol y Pessac.
Y no te sientas mal...puedes aprender mucho todavía.

 
At 1:54 PM, Blogger Pepet el Anacoreta said...

No molesten a Juan Maeso por favor, un profesional que logra sus records al menos se merece respeto. Escribiré algo sobre él proximamente.

 
At 4:01 PM, Blogger Ángel mutante said...

No es envidia, querido, tú sabes andar descalzo por brasas de efectos especiales, pero puede que un día logres convencer a alguien más sobre la inutiliad de tus milagritos.
Estaré sumamente atenta a tu dilecta invitación. Siempre dispuesta a aprender de otros paladares...
Aceptas pago en especie?

Un besito no del todo lascivo ni torpe.

 
At 7:14 PM, Anonymous Anonymous said...

No puede ser!!........alas quebradas también quiere a pepet!!, pensé que era fiel a Hans!!!!

 
At 11:22 PM, Blogger Bruj@ said...

Jejeje... increíble historia, me divirtió muchísimo.

Me gustó en extremo el final, eso de una cierta ncertidumbre dentro de la certeza... repulsivamente inquietante...
Genial.

Y si, eternamente en tu contra.

 
At 4:45 PM, Blogger Pepet el Anacoreta said...

Amo el amor de las enfermeras a quienes besan y se van

 

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