Pepet el Anacoreta

Bellísimas narraciones y opiniones de la vida de Pepet.

Tuesday, September 06, 2005

Gilgamesh


Salí a buscar la Inmortalidad un día en la época de la cosecha,
con la certeza
que todos agradecerían mi viaje y recordarían mi nombre por siempre.

Desde mi ciudad de altas murallas salí sin pensar en nada,
colmado de dones y vitoreado por mi pueblo.
Los cedros perfumaban el aire y mi piel en medio de un camino
entre la montaña de mi ego y los valles de mis envidias.
Fueron dias extraños, sin caricias y exentos de paz.
Recordaba a mi madre mirándome desde un pedestal de mármol
vigilando los progresos y corrigiendo los errores,
recordé sus manos tibias calmando mis miedos
en una noche grisácea al amparar mi vacío
y pude ver su retrato severo esculpido en la murallas de Nínive
donde dejé abandonada la seguridad de una civilización ordenada.

Recorrí espacios sin nombre
buscando alguien que contestara mis preguntas
y lloré por mis antepasados muertos porque ellos no supieron
que había tierra al otro lado del Tigris.
Y tras pasar por el último pueblo de nuestro extenso reino
en la estepa encontré el vacío y una noche grisácea
pero no las manos de mi madre
que ahora sólo son parte de un sobrerrelieve lejano.
Todas las verdades estaban allí y decidí huír para no escuchar
la voz de la tierra que clamaba por contarme su historia cansada
y la de los hombres que horadaron su vientre fértil.
Al escapar me liberé de saber que futuro me tenían destinado los dioses
y entendí que fuí afortunado de alejarme de la desesperanza,
la única compañera de los que intuyen lo que ocurrirá el próximo instante.

En la estepa invernal en medio de la nada
apareció Siduri la última mujer de este mundo.
Ella me dijo que perdía mi tiempo,
que la inmortalidad era cosa de dioses y no de hombres
que para mí estaba reservado el instante,
el presente de gozar la carne, el amor y las artes;
la posibilidad de hacer caminar a mi hija de la mano
y de enseñoriarme sobre las murallas eternas de Uruk.
Yo la desoí porque las mujeres rompen los sueños
y te hacen vivir pegado a la tierra
preocupado más del reino que de los dioses.

Y seguí mi camino hacia donde los libros santos prohibían el viaje.

Donde finaliza el mundo fui recibido amablemente por
los dos únicos supervivientes del gran diluvio
ellos eran inmortales.
Me preguntaron para que que deseaba la inmortalidad
y yo les respondí con la verdad del viajero:
Al principio la deseé para reinar por siempre, pero pronto supe
que los reinos no alivian el dolor de no saberlo todo.
Luego la quise para que me sirvieran
y me enseñaran por todo la eternidad, pero el universo
no puede ser infinito, pues entonces sería imperfecto.
Y entonces la deseé sin motivo alguno
pues comprendí que la inmortalidad no resiste explicaciones.

Fuí incapaz de superar las pruebas que se me impusieron
para ver si era digno de la inmortalidad
mi consuelo fue la juventud eterna,
pero una serpiente me quitó también ese don
mientras regresaba a mi ciudad y mis murallas.

Hoy sólo paseo regocijándome con Uruk la eterna
y recordando a mi madre que me miraba desde un pedestal de mármol.

A ti que deseas la inmortalidad hoy puedo decirte
que no hay caminos que lleven a ella
que sólo hay noche grisácea en la ruta más allá del Tigris.
Tú que buscas vivir para siempre, escucha a Gilgamesh de Uruk
el señor de la ciudad eterna:
"La inmortalidad no existe en este mundo"
sólo hay instantes de goce y palabras efímeras.
La realidad de los hombres es la de Siduri en la estepa invernal.
Sin embargo tu serás siempre inmortal en la medida que
a la Inmortalidad puedas soñarla.

2 Comments:

At 1:02 PM, Anonymous Homero said...

This comment has been removed by a blog administrator.

 
At 1:12 PM, Blogger soberbianaif said...

prefiero la muerte, la inmortalidad es una palabra que pronunciarán otras bocas, yo diré muerte, y sembraré el miedo en los corazones que aman, y ese será el legado, la maldición, mi anatema. que la muerte sea nuestra única certeza, la amante del poeta, que se esconde tras cada palabra que desmembramos al nombrarla.
la muerte nos lleva a la perfección, que me parece más apetecible que la inmortalidad.
odio las constantes.

 

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