Pepet el Anacoreta

Bellísimas narraciones y opiniones de la vida de Pepet.

Tuesday, May 23, 2006

Soñar largamente.


La vida se ha vuelto tan estable y son tantas las cosas buenas que han pasado en este tiempo.
Siento que el sueño me invade y que hay sueños que se hacen realidad y otros que esperan hacerlo.
Me sumo en sueños, me quedo en los sueños y vivo en ellos para siempre.

Monday, May 22, 2006

Despertar en Avila.


Corriendo por esta península de un lado a otro he descubierto que los viajes son experiencias de crecimiento salvaje y dulce al mismo tiempo. Y esto se multiplica cuando viajas junto a otro, cuando disfrutas de mirar de a dos lugares hermosos, sitios con historias deslumbrantes y leyendas que hacen abrazar más fuerte a quien amas.
Como ya he conocido bastante bien España y otros varios lugares del continente. Eso sin olvidar una que otra incursión en el norte de África y en Oriente medio y lejano. He aprovechado de revisitar con Marianne algunos sitios que antes disfruté solo y que ahora puedo ver con una mirada diferente al estrecharla en mis brazos durante una puesta de sol o mejor aún durante un amanecer de tibieza y un desayuno de a dos.
Así fue Avila, que como descubrió Laura, se manifestó en plena primavera surcada de flores y con sus murallas tan amplias como las mías que ahora tienen una brecha.
La ciudad de Santa Teresa de Jesús, de las frías jornadas de invierno a -17º, de la catedral fortaleza con su piedra de río que da un aspecto de mosaico y con las murallas mejor conservadas de Europa nos ofrendó una primavera castellana de sol, flores y una temperatura grata para pasear entre las calles de piedra.
Mi fijación por la leyenda áurea me lleva a buscar lugares de santos y reliquias y Marianne sufre entre criptas frías y huesos que le parecen poco agradables, pero en el fondo se ríe y juega a que teme a lo sagrado. Estuvimos en la casa natal y capilla de Santa Teresa y recorrí sus poemas místicos que me parecen tan cercanos a lo erótico en algunos pasajes de éxtasis.
La catedral de Avila nos recibió con sus piedras que tejen un cielo de mosaico dorado-rojizo, recorrimos sus rincones y el claustro, así como la sala capitular de techumbre mudéjar y nos maravillamos de ver que el ábside es parte de la muralla y tiene varios metros de espesor ya que debía ser tan defendible como el resto de la ciudad.
Comimos de maravillas como ya me he acostumbrado en estos meses, alubias del Barco de Avila y el famoso chuletón de Avila que estando bastante crudo no hace sino motivarme a una noche cálida.

Como ya he contado vivo en general holgadamente gracias al aporte mixto de unas becas de la Comunidad Europea y el grueso que viene de los impuestos de todos los chilenos, pero con este ritmo de gastos actual entre Francia y España he debido recurrir un par de veces a mi santa madre que retira de los fondos familiares pequeños "suplementos" para su retoño en el extranjero. Le conté lo de Marianne y me pidió que la tratara bien (parece que las madres intuyen algunas cosas y conocen a sus hijos) me comprometí a hacer lo mejor de mi parte y dejó deslizar algo así como que debía sentar cabeza como mis hermanos mayores. En el fondo adora que sea la "oveja negra" de la familia y no me dedique ni a la medicina, ni al derecho o la ingeniería como mis aburridos hermanitos.
Por ahora sigo disfrutando de la presencia de Marianne. Me ha prometido que también será mi guía en Francia, que cumplirá uno de mis sueños y me llevará a ver la casa de Julio Verne en Nantes y las ciudades de la costa Atlántica cuya historia de guerras entre católicos y hugonotes siempre me ha fascinado, ciudades como La Rochelle y el sitio que Richelieu mantuvo vestido de cardenal y armadura.
Pero al fin de cuentas la magia es Marianne, sus dulces palabras y suave pecho. Marianne y sus manos blancas que cuidan de mí y de muchos niños. Y mientras intento mejorar mi francés, que ha despertado con ella, me duermo escuchando su lengua hermosa que me invita a descansar tras noches agitadas.

Sunday, May 21, 2006

Murallas y Flores


La aparición de aquellas flores
frente a las murallas
marcaron el renacer de un espacio dormido,
de una inquietante magia que destrozaba temores.

A veces son las ideas las que nos marcan para siempre
y las murallas entonces ceden porque ya no nos sirven.

Cuando las amapolas rojas fulguraron el campo
nada podía hacerse ajeno a sus designios
la primavera se colaba por fuentes y prados
y calcinaron la piedra como Monet las telas.

Y entonces se abren las corazas porque ni tu ni yo
somos inmunes a un campo de "coquelicots",
a un despertar juntos
o las risas de una noche iluminada.

Sencillamente las murallas no resistieron
y la ciudad volvió a ser ocupada por el cortejo de Dionisio
Allí Hedoné, Vino dulce, Desenfreno y las bacantes
allí Eros en una cama que da a una ventana sin tiempo.

Tal vez no hay ya espacios para murallas,
aunque los tontos intenten erigirlas,
y por eso las flores rojas se ríen de ellos
como si no hubieran existido tristemente nunca.

A veces creo que ya no veo murallas
y sólo hay flores rojas que son en ti, mi futuro.

Wednesday, May 03, 2006

Amor en Bayonne


La ciudad se hizo famosa por la invención en sus tierras de aquella arma que hizo estragos durante finales del siglo XIX y la primera guerra mundial. La reina de la trincheras, la bayoneta, fue creada en las tierras de los vascos franceses; gente sin medias tintas que sabe agasajar un invitado, que también sabe eliminar una amenaza desde la época de los romanos y sacar a quien no quiere de su territorio como lo aprendió Roldán en su famoso cantar.
Pero en mi caso fue diferente porque no se trataba de una guerra de trincheras sino de algo, aunque parecido, mucho más gratificante en el triunfo, se trataba de una conquista.
Marianne contra todo pronóstico para este poco agraciado personaje, había dejado en el aire la posibilidad de pasar un fin de semana juntos en su ciudad y para un buen cristiano como yo que piensa que "nunca se debe rechazar a la mujer que el Señor te envía", esto ciertamente es una aventura interesante.
Su tono dulcemente nasal como toda francesa que habla español y sus modales encantadores me hacían olvidar el tren de gastos que estaba llevando y simplemente como haría Antonio antes del eventual desastre en Alejandría me entregué a disfrutar de lo que el destino, Venus y Baco me proponían.
Llegué temprano a sabiendas de las costumbres francesas de almorzar a eso de las 12:30 y no las 15:00 hrs como se acostumbra en España. La ciudad estaba resplandeciente, sol sobre el río y la catedral puesta como una postal para que yo sacase fotos de mi día de conquista. Las dos torres se elevaban imponentes en el casco antiguo y caminé hasta ella donde Marianne me esperaba para hacer de guía en un tour por la ciudad y las palabras.
Es frecuente que los europeos piensen que un sudamericano no tiene idea de historia de su país y se sorprendan gratamente cuando demuestras que no sólo sabes de salsa, merengue roncola y piña colada sino que tú sabes mucho más de su país que él del tuyo. Como toda cita que hubiese tenido en Europa estudié la historia de la ciudad, sus costumbres, las características de su gente y Marianne me quedó mirando con sus ojos oscuros muy abiertos y brillantes cuando le pregunté cual era la capilla del milagro de Bayonne ocurrido en 1451. Se cuenta que durante el sitio de la villa apareció una cruz flanqueada por flores de lis lo cual envalentonó a los franceses para su victoria.
La ciudad resultó ser hermosa y disfruté de caminar por sus calles antiguas, casas de 4 pisos que datan de la edad media y su ambiente mezcla de franceses y vascos. Marianne volvía a regalarme su sonrisa mientras comprábamos chocolates tan típicos de la ciudad y yo observaba el sol sobre su cabello negro y largo al entrar a la calle del mercado cerca del río.
Conversamos sin tiempo comiendo ostras a orillas del río y acompañados por una banda de chicos vestidos de blanco y con su pañuelo rojo a la usanza de Euskadi. Parecía que las horas no existían ni tampoco la gente a nuestro alrededor y yo sólo veía mezclada la dulce apariencia de Marianne con la bella Bayonne de fondo.
Por las calles nos besábamos y la gente nos miraba reír y disfrutar de estar juntos. Una chica de color, divertida por nuestro andar de besos y abrazos, nos tomó una foto desde un balcón y nosotros le retribuimos cuando estaba distraída con otra amiga inmortalizándola con nuestra cámara.
Por la tarde recorrimos el mercadillo del sábado y como es habitual probé las maravillas de la gastronomía francesa: fois, miel, vinos y charcutería que mezcla lo mejor de un vasco y un francés. Un saucisson au piment d'espelette me hizo delirar pero lo olvide al percatarme de sus ojos viéndome como un niño y nos fuimos tomados de la mano por la costanera del Nive.
La tarde fue bella y la noche en su departamento no fue sino la continuación de la magia. Y no hubo preguntas ni comentarios a la hora de dormir juntos porque no había nada que decir.
Bayonne se dormía y yo recorría encajes como antes la piedra tallada de la catedral, reconociendo sus relieves, la suavidad y la textura... y luego la piel. Los labios casi sin el rojo de su maquillaje me demostraron que la belleza de una francesa normalmente oculta una pasión que bordea el desenfreno y la locura. La perfección de sus formas y mis excesos fueron una mezcla violenta que sacó de ambos el deseo contenido y al fin todo fue éxtasis en aquella búsqueda de uno en el otro.
Me dormí sobre su pecho generoso y acogedor mientras me acariciaba y yo sentía la ternura de aquellas manos que tocaban niños a diario y que ahora vertían la dulzura sobre mí.
El día siguiente fue simplemente vivir juntos en su departamento sin ver casi la luz del sol y jugando a conocernos con los ojos y el tacto. Nos reímos con chistes aburridos y conversamos de nuestras vidas y nuestros proyectos. Comimos magníficamente, reincidimos con las ostras, una carne muy poco hecha, un magret de pato que Marianne dejó en su punto, quesos antes del postre, tomme de Savoie, corazón de neufchâtel e Idiazábal, como toda comida francesa que se precie. Y como es habitual un plato así mezclado con un vino rosado de Anjou, no hizo sino despertar el apetito por su piel nuevamente y no vi las calles de la ciudad hasta el lunes.
En estos 15 días he estado viajando entre Madrid y Bayonne sin tener tiempo casi para escribir. Hoy con un respiro a los 34º grados con que me invitó la capital castiza a sentarme con una horchata frente al computador me decidí a volver a escribir para poner un poco al día mi mundo que gira en torno a mi francesa que hoy colma mis sueños.
Marianne distrae mi tesis que se ha enlentecido horriblemente pese a que los tiempos se me acaban; pero eso no importa ya que mañana parto a Bayonne nuevamente, si el sol es amable viajaremos a Biarritz, el balneario romántico del casino, la costa de los locos y la gloria de la belle époque.

Saturday, April 29, 2006

De neuvo acompañado

Mi mundo de hace 3 tres meses atrás ha cambiado bastante hoy en dia en cuanto a mi vida personal. Lo académico sigue estando sin mayores cambios entre uno que otro curso y la tesis que me quita parte importante de mis neuronas a diario.
Pero en cuanto a mi vida personal las cosas estaban más tranquilas pero más solitarias. Atrás quedó Rosario y al fin dejó de llamarme su Pilar quien intentó en todo momento sorprender a su hermana haciéndole pasar un mal momento cuando nos viera juntos. Mi pequeña asturiana se encerró en sus libros y lo nuestro tras Oviedo nunca tuvo mucha más pasión ya que se sentía incómoda de haber sido la "otra" un tiempo y eso la dejó marcada. Mi salida a las fallas de Valencia a las cuales no me acompañó fue el gatillo para el fin de nuestra relación que tan bien había comenzado en Asturias. La valenciana que conocí tampoco fue más que una simpática amiga para la locura y el fuego mediterráneo de las fallas. Y mi "último recurso" la flaca del día que ganó Bachelet tiene una musiquita hindú en su celular mientras dice que se fue a Gondishapur hasta junio.
Así que me encontraba en un periodo reflexivo dedicado al estudio y a pasear mientras me buscaba una nueva pareja.
Tal vez he comentado antes que nunca me he encontrado más de un mes sin una mujer a mi lado desde que tengo 15 años y ya llevaba 2 semanas de soledad por lo que debí trazar un plan para no romper tan elegante record.
Pensé: "¿Quizás deba recordar a mi amigo griego Nikiforos con su frase de: "las feas son las más agradecidas"? pero antes que eso aproveché mi estadía en el país vasco para ver si en esos días y los venideros festivos gracias al 1º de mayo y la celebración del dia de la comunidad de Madrid el 2 lograba obtener algo.
Las becas en general me alcanzan muy bien para mí sólo, como para vivir holgadamente, pasear por Europa ir de vez en cuando a un buen hotel y a comer como un señor; pero tras dos semanas en Euskadi mis recursos se han mermado y si quería comprar ropa e iniciar una economía de conquista femenina iba a necesitar más para estos días.
Todo hombre sabe que después de los 25 años conquistar a una mujer significa no sólo hacer la parte "bonita" del trabajo sino que también significa que uno debe sorprender, agradar y demostrar cierta estabilidad que incluye invitaciones a lugares que a los 15 uno no consideraba. Esto me hizo tener que recurrir a mis padres para que me enviaran un pequeño suplemento de beca como lo llama mi madre. Se quedó feliz de saber que aún puedo depender económicamente de ella pues todas las madres se sienten regocijadas en el control a cualquier escala. Y yo como lo sé, aprovecho cada tanto de recibir la posibilidad económica de darme algunos lujos.
Fue una suerte mi encuentro con la francesa en el Guggenheim ya que fue de esas cosas como gsutarnos (no hablaré de amor) a primera vista y ese chispazo me devolvió el alma al cuerpo y me permitió seguir escribiendo y haciendo mi tesis toda la noche siguiente.
El mail funcionó de inmediato y me respondió al otro día de conocernos. Todavía estaba en España pero en Donostia (San Sebastián) cuando contestó. Así que a la mañana siguiente recorrí la hora de camino que separan ambas ciudades y a las 11 ya estaba en un café frente a la playa de la concha esperando a Marianne. Caminamos por la playa y disfrutamos de un día bellísimo riéndonos y disfrutando de conocernos sin prisas. Me contó que se quedaría un día más en Donostia y después debía volver a Bayonne para descansar un día y luego volver a su trabajo de pediatra en la ciudad. Pensé que una mujer que cuidaba niños me vendría fantástico pues nunca he conocido una pediatra que no fuese encantadora.
Recorrimos el casco antiguo y comimos esos pintxos que caracterizan a San Sebastián y que han llegado a un refinamiento notable. La tarde se nos pasó entre conocer la basílica de Santa María, mirar cada uno de sus gestos, disfrutar de los cubos de Moneo, mirar sus manos que avalan su español afrancesado y subir a los montes Igueldo y Urgull donde la abracé por mi primera vez.
Tuve que insistir mucho apelando a mi tradicionalismo latino para que pudiera aceptar que la invitara a cenar y agradecí a mamá sus generosos euros a la hora de pagar la inolvidable cena que tuvimos en Arzak.
Volví a Bilbao sin obtener más muestras de interés que la aceptación que tomara su mano y quedé de pasarla a buscar para ir a Hodarribia al día siguiente a conocer la costa vasca.
Sobre la carretera de Jaizkibel frente a un pequeño monumento que decía Agur María besé a Marianne por primera vez y ella fue dulce y sensual en aquel punto que nos permitía ver desde Donostia a la costa de su país en Hendaya. Me dijo que no dejara de usar mi boina vasca que a ella le encantaba y que se había reído mucho conmigo disfrutando esa tarde.
Nos preguntamos que íbamos a hacer en el futuro y decidimos que las cosas se dieran según las posibilidades y deseos que tuviéramos.
Hoy me voy a Bayonne y conoceré su ciudad pagando a cambio la desconexión de mi tesis y un ritmo de gastos que me hace depender un poco de la felicidad de mamá.
Son costos que hay que pagar por no estar más de un mes solo y por conocer a alguien que tal vez me haga feliz.

Wednesday, April 26, 2006

Coqueteando con las curvas.

La audioguía era gratis con la entrada y me introdujo, con las imágenes de Frank Gehry jugando cuando niño con una carpa en la tina de la casa de sus abuelos, al mundo sinuoso y brillante de las escamas del Guggenheim. Aquellas que se mezclaban con la idea del arquitecto observando al cambiante pez antes de comerlo.
Tal y como refería la amable voz, de tenue acento español las curvas, que se elevaban limpias y sin impedimentos, trascendían a sexo, raza, cultura y situación social en su capacidad de fascinar a aquellos que tocaban la roca y el titanio que recubre al soberbio edificio. El cristal que complementa la obra permitía el paso de la luz pero no del calor haciendo que caminar en mangas de camisa fuera un agrado, independientemente que aquel día el sol quemaba por primera vez en varios meses a Bilbao.
La exposición "¡RUSIA!" había atraído a una cantidad enorme de turistas que hacían filas largas para entrar al museo que reflejaba el azul de la ría sobre sus paredes y "Puppy" el perro-escultura floral de la entrada se colmaba de gente a su lado inmortalizándose con cámaras digitales.
Yo estaba esperando entrar cuando pude ver una sonrisa generosa y una cabellera de color negro que se movía feliz en torno a "Puppy", piel blanca y ojos de un color café oscuro al acercarme a tomar una foto innecesaria a la escultura. Miraba al edificio que deleitaba a todos aquellos que estábamos intentando visitarlo y las escamas de titanio de volvieron celestes como el cielo, que reflejaba, cuando las nubes se retiraron por completo.
Entré y acompañado de mi audioguía comencé mi amistad con las paredes y su continuidad.
La exposición resultó ser un gozo para los sentidos: Iconos medievales y renacentistas, deísis, estilitas y santos en cirílico, ropas de patriarcas y el sedoso letargo de ver el milagro de la dormición que venía viajando desde el siglo XV. Un trozo de la Ilustración capturado por Pedro el Grande, suprimiendo barbas y kaftanes por retratos y pintores holandeses. Catalina también Grande me miraba desde su escultura y rompía con belleza la dura frialdad de Moscú y San Petesburgo.
El viaje continuó comprometido con política, soviets, Lenin, cuadros desproporcionados y granjas colectivas con campesinos demasiado felices. Por entre un Bolshoi rojo y un bolchevique que imponía su pequeña figura volví a ver su sonrisa y esta vez nos quedamos mirando mutuamente un segundo, lo cual la puso rubicunda como la estrella de una medalla de Stalin.
Paseamos muy cerca uno del otro con miradas de complicidad. Volvimos hacia los boteros del Volga y sufrimos un instante con el personaje que desea liberarse de su yugo. Las críticas y las instalaciones de finales de los 80 auspiciaron que pudiera sentir su aroma de azahar y ver sus manos femeninas que instintivamente tocaron una escultura de bronce.
La vi respirar y mover su ropa de color celeste con un inspirador suspiro, gesto que la hacía aun más interesante a mis ojos.
Cuando se me perdió en la sala del siglo XX me sentí apenado y una instalación que mostraba electroshocks y paredes tapizadas de fotos de inspiración comunista no fue el mejor estímulo para consolarme. Sólo la comida de Martín Berasategui y una copa de Txaxolí fresco y primaveral me hicieron sentir algo mejor .
La reencontré para mi tranquilidad frente a una instalación llamada el hombre que se fue volando, donde un supuesto personaje que vivía en un departamento logró escapar volando con un artilugio de elásticos dejando sólo sus zapatos y el escenario acordonado por la policía. Le pregunté que si le gustaba y me respondió en un español afrancesado que le encantaba. Supe que era de Bayonne y que la cercanía con la frontera le había posibilitado aprender español. Nos perdimos por dentro de una escultura de Serra y nos reímos de llegar a un espiral sin salida mientras yo practicaba mi precario francés.
Al partir le pareció graciosa la boina que me compré para jugar a parecer vasco, una txapela enorme de esas que venden en Bilbao. Me dejó un mail terminado en ".fr" y me alejé mirando feliz el tono rojizo del atardecer en Vizcaya, reflejado por la imponente estructura del Guggenheim.

Sunday, April 23, 2006

La arquitectura puede curar.


Ser un hidalgo y estar enfermo de la crisma es una doble tristeza, porque la locura es bien asumida por los villanos y la servidumbre, pero aunque uno sea de lo más bajo en nobleza se lleva mal esto de escuchar voces cuando la melancolía llega a los más extremos niveles. Y por otra parte no caer en la herejía o la posible acción del demonio, tan dado a aparecer desde que el buen rey don Felipe IV ha dejado de combatir a los herejes con la misma y temible ira santa de su abuelo.
Lo mío ha sido y será la música. Estudié con Joan Cabanilles en Valencia y sé componer como el más apto pese a no haber nacido en el Mediterráneo ni haber estudiado en Salamanca. Pero mi noble cuna de Lerma, me ha dado la opción de ser respetado en muchos lugares, eso sin contar que soy cristiano viejo y bien criado.
Sin embargo la melancolía invadió mi alma tras dejar la ciudad de San Vicente Ferrer y comencé a sentir deseo de no levantarme y ganas de llorar para vergüenza de mi virilidad. Sensibilidad de artista decía mi esposa, pero nada tiene que ver la sensibilidad con eso de tener visiones de música e instrumentos que no existen. Cantos angelicales de música nueva y diferente a la de los italianos.
Estuve en varios sanatorios de cierto renombre, pero la falta de luz de las plantas monolíticas en cruz de aquellos edificios ojivales me hacían sentir preso y aún más triste.
A menudo me despertaba a mitad de la noche e intentaba cantar en voz baja para recordar mi voz, la cual decían que era mucho más bella de lo que yo alcanzaba a escuchar. Pensaba en la muerte y sentía temores frente al futuro, pues ni las oraciones calmaban mi alma.
Pero cuando la desesperación de mi espíritu y el consumo de nuestros bienes provocaban la desolación de mi familia tuve la suerte de encontrar la luz de esperanza que necesitaba.
Mi origen castellano me permitió conversar con algunos clérigos toledanos que influyeron para que optara a pasar una temporada en el Hospital de San Juan de Dios construído por el cardenal Tavera. Con algo de suerte atrás quedarían las noches en celdas pequeñas y habitaciones oscuras.
Ingresé al Hospital de Tavera en la primavera de 1664 y me impactó encontrar un hospital con un patio enorme lleno de luz, el sol pasaba por sus columnas y una decoración austera y perfecta. Según se dice, Bartolomé Bustamente, el arquitecto fue discípulo de Miguel Angel.
Al poco llegar cesaron las voces y mi ánimo mejoró sustancialmente. La misa diaria me hacía mejor que nunca y debo reconocer que ver los cuadros del Greco y el sepulcro del cardenal hecho por el magistral Berruguete hacían más que los credos y padrenuestros.
Los médicos hacían gala de sus capacidades cuando comenzábamos a mejorar, pero no sabían que la luz del edificio hacía la mayor parte del tratamiento.
Una tarde que vino el Duque de Lerma a visitar el edificio me invitaron, por ser natal de su ciudad, a la cripta de la familia. Me contaron que en centro de la cripta se hallaba un punto donde el arquitecto creo un maravillosos espacio donde puedes escuchar tu voz.
Canté y por primera vez supe lo bella que podía ser mi voz en madrigales y canciones antiguas, esa tarde supe que estaba curado.
Agradecí a los médicos y a Dios por mi sanación. Al salir de Toledo buscando la luz del Levante nuevamente me despedí del verdadero gestor de mi curación, miré por última vez el patio espacioso y colmado de sol, las columnas dóricas y jónicas y dije adiós al edificio del Hospital Tavera.